Para una empresa que trabaja a ambos lados del Atlántico, Barcelona tiene resuelto el idioma y cuenta con una comunidad latinoamericana enorme dentro de su sector tecnológico. Además, las tardes europeas coinciden con las mañanas de São Paulo o Ciudad de México, y cuesta encontrar otra ciudad del continente que ofrezca todo eso a la vez.
Dirijo Victo Postanova desde Barcelona. Parte del equipo está en Europa y muchos de nuestros clientes están al otro lado del océano. Al principio lo veía como una rareza de nuestro negocio, pero con los años he conocido a muchas empresas de la ciudad que funcionan exactamente igual.
¿Basta con hablar español para trabajar con Latinoamérica?
Ayuda muchísimo. Una empresa de Bogotá que llega a Europa puede negociar y firmar en su idioma desde la primera reunión, y a una empresa española que mira hacia América le pasa lo mismo en sentido contrario.
Los problemas empiezan cuando alguien confunde el idioma con el mercado. Un consumidor de Ciudad de México compra y paga de forma muy distinta a uno de Santiago, y cada país tiene su propio regulador. He visto a más de una empresa descubrirlo después de gastar buena parte del presupuesto del primer año. En Barcelona viven muchísimos profesionales latinoamericanos que conocen bien los dos lados, y a mí esa gente me ha resultado más útil para el negocio que el idioma compartido.
¿Qué ventaja tiene el huso horario de Barcelona?
Entre Barcelona y São Paulo hay cuatro o cinco horas de diferencia según la época del año, y con Ciudad de México son siete u ocho. Casi toda Europa continental comparte esa franja, así que Berlín o Milán tienen la misma ventana. La diferencia está en que en Barcelona esas horas de la tarde las puede cubrir gente que habla el idioma del cliente y ya ha trabajado en su país.
En Victo Postanova organizamos la jornada en función de eso. Las mañanas son para el análisis de datos y las llamadas con clientes de América quedan para después de comer, cuando allí empieza el día, así que nadie tiene que conectarse de madrugada.
¿Qué tiene Barcelona que no tengan otras ciudades tecnológicas?
Muchos años de trabajo acumulado. El distrito 22@ lleva más de dos décadas reuniendo empresas de software y datos en lo que antes era el Poblenou industrial. El Mobile World Congress trae cada año a directivos de medio mundo, y muchos latinoamericanos aprovechan el viaje para reunirse con socios europeos. Por las aulas de IESE y Esade pasan también muchos ejecutivos que después dirigen empresas en Bogotá, Lima o Santiago.
Así se ha formado una red de contactos que existía mucho antes de que alguien la buscara. Cuando una empresa latinoamericana busca su primer socio en Europa, a menudo acaba en Barcelona porque alguien de su equipo estudió aquí o conoció a alguien en el MWC.
¿Qué aporta cada lado?
Las empresas latinoamericanas con las que trabajo suelen llevarse de Europa la disciplina en los procesos y en la protección de datos, que el RGPD convierte en obligación. Los equipos europeos, por su parte, aprenden mucho del ritmo del otro lado. En Brasil millones de personas pagan cada día con Pix desde el móvil, y lanzar un producto ahí obliga a moverse bastante más rápido de lo que acostumbra una empresa europea.
Los proyectos que mejor nos han funcionado combinan las dos cosas: un producto pensado con cuidado desde aquí y probado cuanto antes con usuarios latinoamericanos. En Barcelona esa mezcla sale casi sola, porque los dos perfiles suelen compartir oficina.
¿Qué le diría a una empresa que quiere cruzar el puente?
A una empresa española que mira hacia Latinoamérica le pediría que eligiera un país y se comprometiera de verdad con él. Una operación seria en México o en Brasil abre más puertas que un plan con cinco banderas en una diapositiva. También le recomendaría contratar pronto a alguien de ese país, antes que a alguien que solo ha leído sobre él.
Si el viaje es al revés, conviene tomarse en serio la protección de datos desde el primer día. Varios países latinoamericanos tienen leyes propias, como la LGPD brasileña, pero en España la AEPD sanciona con bastante frecuencia y los contratos con clientes europeos lo reflejan.
A cualquiera de las dos le diría que aprovechara el horario. Si el equipo de Barcelona deja el trabajo encaminado al final del día, el de Ciudad de México puede seguir con él mientras aquí es de noche.
¿Hacia dónde va este puente?
Durante años Barcelona se ha presentado como la puerta de entrada a Europa para el talento y el capital latinoamericanos. A mí me interesa cada vez más el movimiento contrario: empresas europeas que llegan a la ciudad y desde aquí empiezan a ver Latinoamérica como un mercado donde crecer. Llevo años trabajando en las dos direcciones, y los equipos que mejor lo hacen tienen gente que conoce bien ambas orillas y entiende lo que cambia de una a otra.
Dmytro Rukin es CEO de Victo Postanova, empresa de marketing, software y big data con sede en Barcelona.
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