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Qué hacer durante el verano para mejorar tu perfil profesional

Aprovecha el verano para mejorar tu perfil profesional con formación, LinkedIn, networking, idiomas y estrategias que impulsarán tu carrera.

1 Marta Sanz · julio 1, 2026, 02:47 · 6 min de lectura

El verano tiene una doble cara. Por un lado, es la época perfecta para descansar, recargar pilas y recordar que existe algo llamado vida fuera del trabajo. Por otro, es también el momento en que muchos profesionales y estudiantes se dan cuenta de que tienen más tiempo libre del que pensaban y no saben muy bien qué hacer con él. Y aquí está la clave: ese tiempo puede ser una ventaja competitiva enorme si se aprovecha con cabeza.

No hace falta convertir julio y agosto en una maratón de estudio ni renunciar a la playa. Pero sí tiene sentido dedicar una parte de ese margen extra a fortalecer lo que después vas a vender en el mercado laboral: tú mismo.

Por qué el verano es un momento estratégico

En términos de empleo, el verano tiene una reputación injusta. Se le asocia con la pausa, el silencio de los departamentos de RRHH y la sensación de que nada avanza. Y en parte es cierto. Muchas empresas ralentizan sus procesos de selección entre junio y agosto. Pero eso no significa que el mercado laboral esté dormido, sino que tú puedes adelantarte a quienes se reincorporen en septiembre sin haber hecho nada.

La diferencia entre un perfil que destaca en otoño y uno que se queda rezagado muchas veces no está en el talento, sino en lo que se hizo cuando nadie miraba. El verano, bien gestionado, es esa ventana de oportunidad que la mayoría desperdicia en Netflix.

Formación: la inversión más rentable de tu verano

El bloque más evidente para mejorar un perfil profesional es la formación continua. Y aquí la oferta es tan amplia que el problema no es encontrar opciones, sino no perderse en ellas.

Una opción muy utilizada son los cursos de verano para reforzar tu perfil profesional, que permiten adquirir competencias específicas en semanas, en formato flexible y adaptado a quienes no tienen disponibilidad para comprometerse con una formación de largo recorrido durante el año. Desde idiomas hasta gestión de proyectos, pasando por marketing digital o habilidades directivas, la variedad cubre prácticamente cualquier sector.

Lo interesante de este tipo de formación no es solo el contenido en sí, sino lo que representa en el CV: una señal de actitud. Un candidato que ha aprovechado el verano para formarse transmite algo muy concreto a los reclutadores: que no necesita que le empujen.

Qué tipo de curso elegir

Aquí conviene ser selectivo. No toda formación suma igual al perfil, y hacer cursos por acumular certificados sin criterio es una estrategia que no engaña a nadie con experiencia en selección.

La clave está en identificar tres elementos antes de matricularse:

  • La brecha real: qué competencias te faltan o están por debajo del nivel que pide tu sector objetivo.
  • La demanda del mercado: qué habilidades están buscando activamente las empresas que te interesan. Una revisión de ofertas de empleo en LinkedIn es suficiente para identificar patrones.
  • El reconocimiento del título: no todos los certificados tienen el mismo peso. Los emitidos por instituciones con respaldo académico o avalados por organismos profesionales tienen más recorrido.

Actualiza y optimiza tu presencia digital

Muchos profesionales tienen perfiles en LinkedIn que parecen escritos durante la Gran Depresión: desactualizados, sin foto reciente, con un titular genérico y una sección de resumen que no le dice nada a nadie. El verano es el momento ideal para poner orden en casa.

Optimizar LinkedIn no es una tarea de un día, pero sí de unas pocas horas bien invertidas. El titular profesional, que es lo primero que ve cualquier persona que encuentra tu perfil, debería reflejar no solo tu cargo actual sino el valor que aportas. La sección «Acerca de» necesita contar una historia coherente, no ser una lista de palabras clave sin contexto.

Además, es buen momento para:

  • Solicitar recomendaciones a excompañeros o responsables con quienes hayas trabajado bien.
  • Publicar contenido de valor en tu sector, aunque sea de forma esporádica.
  • Conectar de forma estratégica con personas relevantes en tu área.
  • Revisar y actualizar el resto de plataformas donde tengas presencia profesional.

El portfolio como argumento real

Si tu trabajo produce resultados tangibles o visibles, tener un portfolio actualizado es un activo que muy pocos candidatos llevan a una entrevista. Diseñadores, redactores, desarrolladores, consultores o formadores tienen en el portfolio una demostración que ningún título académico puede sustituir.

Durante el verano, puedes tomarte el tiempo de documentar proyectos anteriores, organizar muestras de trabajo, montar una web sencilla o al menos estructurar un PDF bien presentado. No tiene que ser perfecto: tiene que ser real y representativo.

Networking: el arte de mantener el contacto sin parecer desesperado

El networking tiene mala prensa porque mucha gente lo practica fatal. Lo asociamos con esa persona que solo aparece cuando necesita algo y desaparece el resto del año. Pero el networking bien entendido es otra cosa: construir y mantener relaciones profesionales de forma genuina, sin que haya siempre un favor implícito de por medio.

El verano, paradójicamente, es una buena época para esto. Hay menos presión, la gente está más relajada, y un café o una conversación informal tienen más facilidad de producirse que en plena vorágine de septiembre.

Algunos movimientos concretos:

  • Retomar el contacto con personas de tu red con las que no hablas desde hace tiempo, sin segundas intenciones evidentes.
  • Asistir a eventos de tu sector, que los hay incluso en agosto, aunque sea en formato virtual.
  • Participar en comunidades online o foros especializados en tu área.

Idiomas: el pendiente eterno

Casi todos los profesionales en activo tienen en la lista de pendientes lo mismo: mejorar el inglés. O el alemán. O el francés. Da igual cuál, el caso es que ese idioma lleva años esperando y septiembre llega siempre igual que el anterior.

El verano tiene algo a su favor para el aprendizaje de idiomas: la continuidad. Sin la fragmentación de los horarios laborales habituales, es más fácil mantener una práctica diaria que realmente construya progreso. Aplicaciones, academias online, intercambios de conversación o incluso series y podcasts en el idioma objetivo pueden organizarse de forma más constante durante estos meses.

Un nivel demostrable de inglés, por ejemplo, sigue siendo uno de los filtros más frecuentes en procesos de selección para puestos de responsabilidad. No es un extra, es casi un mínimo.

Reflexión estratégica: saber adónde vas

Hay una parte del desarrollo profesional que no se aprende en ningún curso y que pocas personas se permiten el lujo de hacer durante el año: pensar con calma. Revisar dónde estás, hacia dónde quieres ir y si el camino que estás siguiendo tiene sentido.

El verano, con su ritmo diferente, permite ese tipo de reflexión que no cabe en un martes de febrero entre reunión y reunión. Puede ser tan sencillo como escribir en un cuaderno qué posición te gustaría tener dentro de dos años, qué te falta para llegar hasta allí y qué deberías dejar de hacer porque no te acerca a ningún sitio.

No es filosofía barata. Es estrategia personal, y los profesionales que la practican toman mejores decisiones sobre dónde invertir su tiempo y energía.

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Marta Sanz

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