Dos relieves del artista Antonio Martínez Penella adornan el ambulatorio de Sant Andreu, reflejando el arte público de la época franquista. Estas obras, cargadas de simbolismo, generan debate sobre su permanencia.
El ambulatorio de Sant Andreu, inaugurado en 1968, alberga dos esculturas que evocan el periodo franquista y han suscitado un renovado interés por su significado y contexto histórico. Las obras, realizadas por el artista valenciano Antonio Martínez Penella, se encuentran en la fachada del edificio que da a la calle Concepción Arenal y son un claro ejemplo del arte público de esa época. La primera escultura, titulada La familia, presenta a un hombre con un pájaro en la mano derecha y otro sobre su hombro izquierdo. Junto a él, una mujer desnuda muestra una postura de desesperación mientras es atendida por otra figura femenina. Esta representación ha sido objeto de análisis crítico debido a su carga simbólica y al contexto sociopolítico que refleja.
A pocos metros, se encuentra otro relieve que también podría interpretarse como una representación familiar. En este caso, una figura femenina sentada parece asumir un rol divino rodeada de niños. Este conjunto escultórico incluye elementos como una gran estrella y varios pájaros, lo que añade complejidad a su interpretación. Ambas obras son representativas del estilo artístico impuesto durante el régimen franquista, donde los valores familiares eran exaltados bajo un prisma ideológico específico.
La construcción del ambulatorio fue posible gracias al soterramiento de la estación ferroviaria Sant Andreu Arenal, lo que permitió liberar espacio para esta infraestructura sanitaria. El diseño arquitectónico del ambulatorio guarda similitudes con el antiguo hospital Vall d’Hebron, conocido entonces como Residencia Francisco Franco, lo que refuerza aún más su conexión con la historia reciente del país.
En los últimos años, ha surgido un debate sobre la relevancia y necesidad de conservar estas obras en espacios públicos. Algunos argumentan que deben ser retiradas debido a sus vínculos con un régimen opresor, mientras que otros defienden su valor como testimonio histórico y artístico. Este dilema no es exclusivo de Sant Andreu; muchas ciudades españolas enfrentan situaciones similares con monumentos y obras vinculadas al franquismo.
Históricamente, España ha tenido una relación complicada con su pasado reciente. Durante las últimas décadas se han llevado a cabo esfuerzos para abordar este legado mediante iniciativas como la Ley de Memoria Histórica aprobada en 2007. Sin embargo, las discusiones sobre qué hacer con las representaciones artísticas del franquismo continúan siendo divisivas entre diferentes sectores sociales.
Los vecinos de Sant Andreu están invitados a participar en foros comunitarios donde se discute el futuro de estas esculturas y otras manifestaciones artísticas relacionadas con el pasado franquista. La próxima reunión está programada para el 15 de marzo en el centro cívico local; allí se espera contar con diversas opiniones sobre cómo gestionar estos símbolos históricos sin olvidar las lecciones aprendidas del pasado.
