Una respuesta contundente al vandalismo
El Govern de Cataluña ha decidido dar un paso firme en la lucha contra el vandalismo que afecta a los trenes de Rodalies, una problemática que ha crecido en los últimos años. Con más del 50% de los convoyes pintados ilegalmente, la situación se ha vuelto insostenible para Renfe, que destina más de 11 millones de euros anuales a la limpieza de sus vagones.
En un intento por frenar esta tendencia, el Ejecutivo catalán presentará la próxima semana una proposición de ley ante el Parlament que busca modificar el régimen sancionador establecido por la ley ferroviaria 4/2006. Esta nueva normativa contempla multas que pueden oscilar entre 90.000 y 900.000 euros, dependiendo de la gravedad del acto vandálico.
Los datos son preocupantes: en lo que va del año 2023, se han registrado 2.300 entradas ilegales en instalaciones ferroviarias, lo que ha requerido aproximadamente 7.500 horas para reparar los daños causados. En total, cerca de 70.000 m² han sido afectados por estas acciones incívicas.
Sílvia Paneque, consellera de Territori, subraya que este cambio normativo envía un mensaje claro: “no habrá impunidad”. La propuesta busca no solo sancionar económicamente a los infractores sino también proteger un servicio público esencial para la ciudadanía.
Aparte del endurecimiento legal, Renfe ha incrementado las medidas de seguridad en sus instalaciones mediante el uso de drones y unidades caninas para disuadir a los grafiteros. Sin embargo, estas acciones no han sido suficientes ante la creciente audacia de quienes buscan dejar su marca en los trenes.
A medida que se implementen estas nuevas sanciones, también se espera la llegada gradual de nuevos trenes adquiridos por Renfe. Un total de 110 convoys, fabricados por Alstom y CAF, comenzarán a operar entre finales del 2025 y mediados del 2027. Las autoridades esperan que con estos cambios tanto normativos como operativos se pueda evaluar el impacto real sobre el vandalismo.
No obstante, más allá del marco legal y las inversiones tecnológicas, es fundamental abordar una cuestión cultural: ¿cómo cambiar la percepción social sobre el grafismo urbano? La solución podría requerir un enfoque integral que combine educación y concienciación sobre el respeto hacia los bienes públicos.



