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El turismo ya es el cuarto problema para los vecinos de Barcelona

La Encuesta de Servicios del Ayuntamiento sitúa el turismo como cuarto problema para los vecinos de Barcelona, con un 6,2%. Un estudio de la URV constata que la masificación altera rutas y horarios.

Pau Vila
Pau Vila
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La Encuesta de Servicios del Ayuntamiento sitúa la llegada de visitantes como cuarta preocupación ciudadana, con un 6,2%, por detrás de la inseguridad, la vivienda y la limpieza. Un estudio de la Universitat Rovira i Virgili constata que la masificación altera rutas y horarios de los residentes.

El turismo se ha colado entre las principales preocupaciones de los vecinos de Barcelona. La última Encuesta de Servicios que publicó el Ayuntamiento la semana pasada sitúa la llegada de visitantes como el cuarto problema más grave de la ciudad, mencionado por el 6,2% de los encuestados. Por delante quedan la inseguridad (23,8%), el acceso a la vivienda (23%) y la limpieza (6,4%).

El dato supone un repunte de medio punto respecto al año anterior, según el mismo sondeo municipal. La percepción, sin embargo, no es homogénea en toda la ciudad.

En Gràcia el turismo es el segundo problema más citado, con un 11,1%, y en L'Eixample alcanza el 10,6%. En el extremo opuesto, apenas lo mencionan en Sarrià-Sant Gervasi (1,2%), Sant Andreu (0,8%) y Nou Barris (0,3%).

Más allá de la percepción ciudadana, un estudio de la Universitat Rovira i Virgili (URV) concluye que la presión turística obliga a los residentes a reorganizar su día a día. La investigación, publicada en la revista Tourism Planning & Development, analiza cómo la masificación altera la movilidad cotidiana en tres de los barrios más turísticos: el Gòtic, la Barceloneta y la Sagrada Família.

Llevar a los niños al colegio, salir a tomar algo o dar un paseo por el barrio son ahora actividades que muchos vecinos planifican para esquivar las horas punta de visitantes. El estudio constata que una parte importante de los residentes ha ideado estrategias para evitar la congestión: cambiar de ruta para no cruzar determinadas calles o plazas, o modificar horarios de compra y paseo.

«Algunos espacios que antes eran percibidos como lugares de vida comunitaria pasan a vivirse como territorio turístico, es decir, zonas orientadas sobre todo al consumo de los visitantes y menos a las necesidades cotidianas de quienes viven allí», asegura Aaron Gutiérrez, investigador del Departamento de Geografía y participante en el estudio.

Gutiérrez añade que esta situación genera una sensación de «pérdida del espacio propio y de desplazamiento de la población local».

Los investigadores señalan que el problema no es solo la cantidad de turistas, sino también cómo se mueven: en grupos, con trayectorias poco previsibles y ocupando una parte importante del espacio público. La sensación de inseguridad, relacionada con una mayor presencia de hurtos, también aparece en las entrevistas del estudio y puede condicionar los recorridos y los horarios de los vecinos.

El trabajo concluye que la masificación afecta al uso cotidiano de plazas, parques y calles principales, que dejan de funcionar como puntos de encuentro y pasan a ser zonas de paso turístico. Esto, apuntan, conduce a una percepción de pérdida de calidad de vida y de transformación de la identidad del barrio.

Los datos municipales y el estudio de la URV llegan en un momento en que el debate sobre la gestión turística sigue sobre la mesa en Barcelona. Para los vecinos de los barrios más afectados, las conclusiones confirman un cambio de hábitos que ya aplican a diario.

Pau Vila

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