La gestión forestal como herramienta de prevención
En los últimos años, la gestión forestal ha cobrado una importancia crucial en la península Ibérica, donde los incendios en los bosques mediterráneos se han vuelto cada vez más frecuentes. Expertos del sector advierten que el desbrozamiento, lejos de ser un acto destructivo, es una medida preventiva esencial para evitar catástrofes ambientales.
Anton Vallvey, ingeniero forestal de Boscat y vicepresidente de la Associació Forestal de les Comarques de Tarragona, explica que el desbrozamiento se centra en el estrato arbustivo del bosque, que puede convertirse fácilmente en combustible para el fuego. Esta práctica busca reducir la masa arbustiva sin comprometer especies clave del ecosistema, manteniendo aproximadamente un 30% de las plantas arbustivas, incluidas aquellas protegidas como el palmito o el acebo.
Las intervenciones se realizan especialmente en márgenes de carreteras y caminos forestales, donde suelen originarse muchos incendios. Para ello, se establecen franjas de protección que oscilan entre 25 y 30 metros a ambos lados de estas vías. “Todo lo que hacemos está contemplado dentro de los planes de prevención de incendios para garantizar el mínimo impacto ambiental”, asegura Vallvey.
A pesar del temor a dañar la biodiversidad mediante estas prácticas, Albert Puigvert, biólogo y gerente del ARCA (Associació d’Iniciatives Rurals i Marítimes de Catalunya), sostiene que abrir espacios dentro del bosque puede favorecer a ciertas especies animales como águilas y corzos. Además, esta reducción en la masa arbustiva mejora las condiciones para que los árboles absorban agua adecuadamente.
Los especialistas coinciden en que la clave radica en cómo se llevan a cabo estas acciones. Puigvert enfatiza la necesidad de equilibrar la gestión forestal con el mantenimiento de la biodiversidad y la prevención contra incendios. La recuperación de prácticas tradicionales como la silvopastura podría ser fundamental; al mantener rebaños en las áreas desbrozadas se reduce significativamente la dependencia de maquinaria pesada.
“Si se hace un buen mantenimiento con rebaños, la necesidad de métodos mecánicos es mucho menor”, afirma Puigvert.
A pesar del consenso sobre los beneficios del desbrozamiento controlado, tanto Vallvey como Puigvert advierten sobre una gestión forestal deficitaria caracterizada por escasos recursos económicos y criterios obsoletos. “Hay una gestión forestal deficitaria con poco presupuesto y criterios desfasados”, denuncia Vallvey.
Ambos expertos subrayan que los bosques mediterráneos no son ecosistemas vírgenes; han sido moldeados por siglos de actividad humana. “No estamos en la Amazonia; estamos en el Mediterráneo”, concluye Puigvert. En este contexto marcado por el cambio climático y el abandono agrícola progresivo, es vital encontrar un enfoque equilibrado entre intervención humana y conservación ambiental.
