El instituto Prats de la Carrera y la escuela Vedruna en Palafrugell han implementado un modelo educativo que ha llevado a una notable disminución del fracaso escolar, alcanzando solo un 2,2% en sus estudiantes. Este enfoque colaborativo involucra a los alumnos en las entrevistas con sus padres y profesores, promoviendo una comunicación abierta sobre su progreso académico y hábitos de estudio.
Desde su fusión pedagógica en el curso 2020-2021, estos centros han transformado su dinámica educativa. La directora pedagógica Montse Jiménez destaca que han pasado de tener dificultades para llenar las plazas a contar con listas de espera. Además, el absentismo escolar se ha reducido drásticamente gracias a la participación activa de las familias; aproximadamente el 75% de los padres se involucran en las actividades escolares.
Un enfoque centrado en el alumno y la comunidad
La metodología adoptada incluye disciplinas STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas) desde los seis años. Los alumnos trabajan en proyectos prácticos que fomentan tanto el aprendizaje como el pensamiento crítico. Un ejemplo es el huerto vertical creado por estudiantes de segundo de primaria, que no solo embellece el centro sino que también enseña responsabilidad y cuidado del medio ambiente.
A lo largo del tiempo, los resultados académicos han mejorado significativamente. En 2021-2022, un 25% de los alumnos presentaban niveles bajos en matemáticas; tres años después esta cifra se ha reducido a la mitad. Actualmente, más del 53%% tiene un nivel medio o alto en competencias básicas.
A pesar de la creciente digitalización educativa, las pantallas están restringidas para los más pequeños. En lugar de ello, se promueve un aprendizaje práctico donde “pensar con las manos” es fundamental para desarrollar habilidades emocionales y cognitivas. Marta Llonch, directora pedagógica de primaria, enfatiza cómo esta metodología ayuda a gestionar la frustración ante desafíos académicos.
“Es preferible destinar tiempo a hablar con un alumno para asegurarnos de que está bien”, afirma Isabel Castelló, directora general del Vedruna-Prats.
Aparte del enfoque académico tradicional, estos centros también integran proyectos sostenibles como parte del currículo. Los estudiantes han trabajado en iniciativas como edificios sostenibles y huertos hidropónicos. Estas experiencias prácticas no solo enriquecen su formación académica sino que también les enseñan sobre responsabilidad ambiental.
A medida que avanzan hacia secundaria, se incorpora una herramienta tecnológica: un chatbot diseñado para detectar problemas emocionales entre los estudiantes antes de que escalen. Esta atención personalizada es clave para mantener un ambiente educativo saludable.
No solo se enfocan en mejorar durante la etapa escolar; también realizan seguimientos tras finalizar el bachillerato para identificar áreas donde deben reforzar su enseñanza. Esto demuestra un compromiso continuo con la mejora educativa y adaptación a las necesidades cambiantes del alumnado.
A medida que estos centros continúan innovando y adaptándose a nuevos desafíos educativos, su éxito resalta la importancia de involucrar a toda la comunidad educativa —alumnos, padres y docentes— en pro del aprendizaje integral.
