Los residentes cercanos a las pistas de petanca en Calafell han comenzado a protestar tras años de molestias. La situación ha escalado con actos de sabotaje y pancartas en los balcones.
La tensión entre los vecinos de Calafell y los jugadores del club Mas Mel ha alcanzado un nuevo nivel este agosto, cuando un grupo de residentes decidió manifestarse públicamente contra la ubicación actual de las pistas municipales de petanca. Desde su traslado hace cuatro años desde la playa hacia una zona residencial, muchos vecinos han expresado su descontento debido al ruido y la actividad que consideran perturbadora.
El conflicto comenzó cuando el Ayuntamiento reubicó las pistas, prometiendo que sería un lugar provisional. Sin embargo, el tiempo ha pasado y las instalaciones siguen en el mismo sitio, lo que ha llevado a algunos residentes a tomar medidas más drásticas.
“Fuera petanca, ayuntamiento solución ya”, rezan algunas de las pancartas colgadas en los balcones.
Josep Maria Salvia, uno de los vecinos afectados, comentó sobre la situación:
“Solo faltaba que el señor alcalde diga que aquí no hacen ruido; usted no lo sabe porque no ha venido nunca a las pistas municipales”.
Según él, el ruido generado por los jugadores durante sus partidas es especialmente molesto durante horas críticas como la siesta.
A pesar del carácter amistoso del juego, donde participan principalmente personas mayores, la convivencia se ha vuelto complicada. Mariano Ramírez, jugador del club Mas Mel, denunció actos de sabotaje por parte de algunos vecinos:
“Nos meten silicona continuamente en el candado del armario donde guardamos el material para jugar”
. Esta escalada incluye también acusaciones mutuas sobre comportamientos incívicos.
Los residentes han reportado incidentes desagradables como bolsas con excrementos caninos arrojadas frente a sus edificios. Este tipo de acciones parecen ser una respuesta a intentos anteriores por parte de los vecinos para detener la construcción de una tercera pista en el área.
A pesar del creciente descontento vecinal y las protestas organizadas por Salvia —quien afirma haber encargado varias pancartas— el Ayuntamiento se mantiene firme en su postura. Según ellos, la actividad no genera ruidos molestos ni afecta negativamente a la comunidad. Esto contrasta con las afirmaciones vecinales que sostienen que los jugadores se reúnen incluso antes del horario habitual permitido para evitar molestias.
La situación actual refleja un problema más amplio sobre cómo gestionar espacios públicos compartidos y equilibrar intereses comunitarios diversos. En este sentido, es importante recordar que conflictos similares han surgido en otras localidades donde actividades recreativas chocan con necesidades residenciales.
A medida que avanza agosto y sin señales claras de resolución inminente por parte del Ayuntamiento o diálogo efectivo entre ambas partes, parece probable que esta disputa continúe alimentando tensiones locales. Los aficionados al juego aseguran su intención de seguir disfrutando sus partidas mientras los vecinos insisten en buscar soluciones concretas al problema.
Para aquellos interesados en seguir esta historia o participar en futuras reuniones comunitarias sobre el tema, se recomienda estar atentos a anuncios locales o comunicarse directamente con asociaciones vecinales.
