La inteligencia artificial ya escribe textos, crea imágenes, compone música, resume documentos y responde a prácticamente cualquier pregunta. Y ahora también se atreve con el futuro. El tarot no ha escapado a la revolución de la IA y cada vez existen más servicios capaces de generar una interpretación de las cartas automáticamente a partir de las preguntas del usuario. No todas las páginas han tomado ese camino. En tarotamigo.com, por ejemplo, han optado por mantener un sistema tradicional de interpretaciones elaboradas por tarotistas y prescindir de la inteligencia artificial para generar las respuestas de sus tiradas.
La diferencia puede parecer pequeña para quien simplemente selecciona unas cartas en la pantalla de su teléfono, pero cambia completamente lo que ocurre detrás. Tarot Amigo explica que las respuestas de sus tiradas no han sido creadas mediante inteligencia artificial, sino a partir de interpretaciones realizadas previamente por sus tarotistas teniendo en cuenta cada carta y la posición que ocupa. En el otro extremo están las nuevas aplicaciones que recurren a modelos generativos capaces de construir una lectura diferente en cuestión de segundos a partir de la consulta introducida por el usuario.
Cuando el tarotista se convierte en un algoritmo
El funcionamiento resulta sencillo. El usuario plantea una pregunta, escoge una o varias cartas y la inteligencia artificial recibe esos datos junto con el significado atribuido tradicionalmente a cada arcano. A partir de ahí construye un texto que relaciona las cartas con la situación planteada.
Ya existen aplicaciones que anuncian abiertamente las lecturas de tarot impulsadas por inteligencia artificial como uno de sus principales reclamos. El fenómeno ha crecido incluso lo suficiente como para despertar el interés académico, con investigaciones que estudian cómo aficionados y profesionales del tarot están incorporando los modelos generativos a sus interpretaciones.
La IA tiene además una ventaja evidente desde el punto de vista tecnológico: puede generar millones de combinaciones distintas y adaptar el lenguaje a cada consulta. No necesita limitarse a un texto previamente escrito para El Sol, La Torre o Los Enamorados. Puede relacionar unas cartas con otras, incorporar la pregunta formulada y entregar en segundos una respuesta aparentemente hecha a medida.
Precisamente ahí comienza también el problema.
Una respuesta personalizada no significa que comprenda a quien pregunta
Una inteligencia artificial no sabe qué va a ocurrir mañana. Tampoco conoce realmente a la persona que está delante de la pantalla. Lo que hace un modelo generativo es producir una respuesta a partir de los patrones aprendidos durante su entrenamiento y de la información que recibe en ese momento.
Sin embargo, el resultado puede tener una extraordinaria apariencia de seguridad.
Si alguien pregunta si su pareja va a abandonarle, si recuperará a una persona con la que terminó una relación o si conseguirá determinado trabajo, el sistema puede generar una explicación extensa, coherente y completamente adaptada al problema planteado. Cuanto mejor sea el modelo, más convincente puede resultar.
La cuestión adquiere especial relevancia porque muchas consultas relacionadas con el tarot se producen precisamente alrededor de asuntos emocionalmente sensibles: relaciones sentimentales, problemas familiares, incertidumbre laboral o decisiones sobre el futuro.
No se trata, por tanto, de que un algoritmo “lea peor” o “mejor” unas cartas. El problema aparece cuando el usuario atribuye a una respuesta generada automáticamente una capacidad de conocimiento, comprensión o certeza que el sistema realmente no posee.
La IA no ve el futuro, aunque pueda parecer que sabe mucho de nosotros
Hay además una paradoja. Una inteligencia artificial puede ofrecer una lectura que parezca incluso más personalizada que una interpretación escrita previamente por una persona.
Basta con darle contexto.
“Mi pareja me dejó hace tres meses, ahora vuelve a escribirme y me han salido El Juicio, Los Enamorados y La Torre. ¿Volveremos juntos?”
Un modelo de lenguaje puede utilizar cada uno de esos elementos para construir inmediatamente un relato perfectamente conectado con la situación. Puede hablar de segundas oportunidades, decisiones sentimentales, rupturas o cambios bruscos porque todos esos conceptos aparecen asociados de una u otra manera a la información proporcionada.
Pero que la respuesta encaje no demuestra que el sistema conozca el futuro.
Las investigaciones sobre el uso de inteligencia artificial aplicada al tarot muestran precisamente esa peculiar relación entre interpretación, ambigüedad y generación automática de significado. Algunos usuarios recurren ya a estos sistemas para buscar interpretaciones alternativas, resolver dudas o ampliar sus propias lecturas.
El regreso de algo que internet parecía haber dejado atrás: saber quién responde
La llegada masiva de la inteligencia artificial está provocando además una discusión que va mucho más allá del tarot: la transparencia.
Hasta hace pocos años resultaba relativamente sencillo distinguir entre una consulta realizada por una persona y una respuesta automatizada. Los modelos generativos han difuminado esa frontera.
Un texto producido por una IA puede utilizar expresiones coloquiales, mostrar aparente empatía, recordar elementos mencionados anteriormente y construir una explicación que parece haber sido escrita expresamente para una única persona.
La regulación europea de la inteligencia artificial también ha comenzado a poner el foco sobre esta cuestión. Las obligaciones de transparencia buscan, entre otros aspectos, que los usuarios puedan saber cuándo están interactuando directamente con determinados sistemas de inteligencia artificial.
En ámbitos como el tarot, la astrología o las predicciones esotéricas, esa transparencia puede resultar especialmente relevante. No es lo mismo leer una interpretación escrita previamente por una tarotista que recibir un texto producido en ese instante por un modelo generativo. Ninguna de las dos debería confundirse con una predicción científicamente demostrada, pero el usuario sí debería conocer cómo se ha generado aquello que está leyendo.
Dos maneras muy distintas de llevar una práctica antigua a internet
La tecnología no llegó al tarot con la inteligencia artificial generativa. Mucho antes ya existían tiradas digitales en las que un programa seleccionaba cartas y mostraba interpretaciones previamente redactadas.
Ese modelo continúa vigente.
Detrás puede existir una enorme cantidad de trabajo previo. Cada arcano puede cambiar de interpretación dependiendo de si aparece al derecho o invertido, de la posición que ocupa dentro de la tirada, de las cartas que lo acompañan o del asunto sobre el que se pregunta. Digitalizar ese sistema significa introducir previamente todas esas posibilidades para que posteriormente el programa muestre la que corresponda.
La inteligencia artificial propone algo diferente. En lugar de recuperar únicamente una interpretación previamente preparada, puede construir una nueva utilizando todos los elementos disponibles.
Es más flexible, más rápido y ofrece posibilidades prácticamente ilimitadas. Pero también introduce una pregunta que hasta hace poco apenas había que formular cuando alguien hacía una tirada de cartas en internet: ¿esta interpretación la escribió alguna vez una persona o acaba de crearla una máquina?
El tarot afronta el mismo dilema que el resto de internet
En realidad, lo que está ocurriendo con las cartas es simplemente una pequeña muestra de un cambio mucho mayor.
Medios de comunicación, buscadores, atención al cliente, educación, creación artística y decenas de sectores están intentando establecer dónde resulta útil introducir la inteligencia artificial y dónde sigue siendo importante conservar la intervención humana.
El tarot se encuentra ahora ante su propia versión de ese dilema.
Habrá quienes prefieran recibir una interpretación generada específicamente para su pregunta y quienes concedan más valor a saber que los significados que aparecen delante de ellos fueron pensados y escritos previamente por una persona.
Y seguramente convivirán ambos modelos.
Lo que probablemente será cada vez más importante es saber distinguirlos. Porque la inteligencia artificial puede interpretar las cartas, relacionarlas con nuestra pregunta y construir una historia sorprendentemente convincente.
Lo único que sigue sin poder hacer es saber qué ocurrirá mañana.
