La exalcaldesa de Barcelona quiere aprovechar las próximas elecciones generales para impulsar una candidatura unitaria de comunes, ERC y CUP de cara a los comicios catalanes de 2028, según El Independiente.
La exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, está dispuesta a concurrir a las próximas elecciones generales si cristaliza una candidatura de unidad entre Sumar y Podemos. Pero su objetivo real no es quedarse en el Congreso de los Diputados, sino utilizar ese escaño como trampolín para dar el salto en 2028 a las listas de las elecciones catalanas y, si se dan las condiciones, aspirar a la presidencia de la Generalitat. Así lo desvela una información de El Independiente.
El plan de quien fuera regidora de Barcelona durante dos legislaturas pasa por construir en Cataluña una candidatura de amplio espectro que agrupe a los comunes, a ERC, a la CUP y a dirigentes hoy alejados de la primera línea política, como el excoordinador de Catalunya en Comú Xavier Domènech. La tesis no es nueva: el exdiputado de ERC en el Congreso Joan Tardá, uno de los padrinos políticos de Gabriel Rufián, defiende desde hace tiempo una alianza de ese tipo. Sin embargo, la dirección republicana no lo ve claro, y su líder, Oriol Junqueras, ya ha lanzado su propia candidatura a la Generalitat.
Hacer posible en Cataluña una candidatura de amplio espectro, un frente de izquierdas
El propósito declarado de esa operación es frenar el auge de Alianza Catalana, el partido de Silvia Orriols, al que algunos sondeos sitúan ya como segunda fuerza del Parlament, por detrás del PSC y por delante de ERC y Junts. El temor a que la ultraderecha independentista capitalice el descontento es el argumento que esgrimen los partidarios de la unidad. Además, el socialista Salvador Illa podría sufrir un desgaste electoral importante, con pérdidas de hasta once escaños, incluso ganando los comicios, según un sondeo de Sigma Dos para El Mundo fechado el 11 de septiembre.
Los números actuales del hemiciclo catalán explican la urgencia. Illa gobierna con el apoyo parlamentario de ERC y los comunes, que suman 68 escaños de los 135 que componen la Cámara. La CUP, con 4, votó en contra de la investidura. La idea ahora es incorporar a los anticapitalistas a la ecuación para no desperdiciar ni un solo voto. En las elecciones autonómicas de 2024, ERC perdió 13 escaños, la CUP 5 y los comunes pasaron de 8 a 6: la izquierda alternativa perdió 20 diputados en conjunto.
En el flanco opuesto, las posibilidades de articular un frente postelectoral entre Alianza Catalana, Junts, PP y Vox son prácticamente nulas. Otra cosa es que los de Carles Puigdemont unieran sus fuerzas al PSC y al resto de la izquierda para volver a investir a Illa, una hipótesis que algunos contemplan como salida a un eventual bloqueo.
La primera parada del calendario son las elecciones generales, aún sin fecha. En ese escenario, Colau tendría que decidir si compite o no con el actual ministro de Cultura, Ernest Urtasun. Fuentes del espacio apuntan que se han perdido meses preciosos para cerrar la unidad. Para el lector de Cataluña, el desenlace de esta pugna marcará la oferta electoral de la izquierda en los próximos comicios y, a medio plazo, la correlación de fuerzas en el Parlament.



