La periodista rumana afincada en Sant Julià de Ramis afronta el posible regreso de su marido tras casi una década de idas y venidas a Bélgica. Sus hijas, Magalí y María, han crecido con el padre a distancia.
La vida de Marcela Topor (Vaslui, Rumanía, 1976) quedó partida en dos hace nueve años. Su marido, Carles Puigdemont, salió de España en 2017 y desde entonces ella ha mantenido una rutina de viajes a Bélgica para que sus hijas pudieran ver a su padre, según publica La Razón.
La periodista reside en Sant Julià de Ramis (Girona) con Magalí, de 18 años, y María, de 16. La decisión de no trasladar a las niñas a Waterloo fue deliberada: escolarizarlas en otro idioma habría supuesto, a juicio de la familia, un trauma mayor que las visitas periódicas al país.
Topor trabaja desde 2006 como editora de Catalonia Today, el diario en inglés sobre actualidad catalana que fundó el propio Puigdemont. Además, presenta cada semana el espacio The Weekly Mag en la red de televisiones locales La Xarxa. Esa actividad profesional ha sido, en sus años de espera, el principal sostén de su día a día.
Nacida en una localidad de unos 55.000 habitantes, se considera natural de Iasi, la antigua capital de Moldavia, donde se trasladó con 18 años para licenciarse en Filología Inglesa y Francesa. De allí salió con destino a Girona con la compañía rumana Ludic Student Theatre, para representar «El rey se muere», de Eugène Ionesco, en un festival cultural. Era 1998. Puigdemont, que colaboraba en la organización del certamen, se fijó en ella y la relación continuó en París. Se casaron en 2000 por lo civil y celebraron una segunda ceremonia en Rumanía por el rito ortodoxo.
En una de sus escasas entrevistas, concedida al digital catalán Vilaweb, Topor trazó un paralelismo entre su biografía y la de su marido: él tenía una edad similar cuando murió Franco a la que ella tenía cuando cayó Ceaucescu. Sobre el 1 de octubre de 2017, cuando la Policía y la Guardia Civil intervinieron contra las urnas, dijo que aquello le recordó la represión del dictador rumano y que se le «rompieron esquemas».
«Me siento catalana y siento Cataluña como mi casa, pero intento preservar mi identidad. Hablo rumano con mis hijas e intento mantener la tradición en Navidad, Semana Santa y San Juan. Sientes que nunca serás al 100% de aquí y, cuando vuelvo a Rumanía, tampoco soy de allá al cien por cien»
Así lo expresó en una conversación con Pilar Rahola emitida por TV3 en 2018. En esa misma línea, la periodista ha mantenido un perfil bajo: evita actos públicos del independentismo y apenas concede entrevistas. Su corazón, como ella misma ha reconocido, está dividido entre Cataluña y Rumanía, y entre su casa gerundense y Bélgica.
El posible regreso de Puigdemont, que según las informaciones apuntan a que podría cruzar la frontera legalmente en noviembre, coincidiendo con la campaña para las generales, devolvería a la familia una convivencia interrumpida durante casi una década. Para los vecinos de Sant Julià de Ramis, donde la familia tiene su residencia, el desenlace de esta etapa dependerá de los movimientos judiciales y políticos de las próximas semanas.




