Sales de la consulta con un informe en la mano y una frase que suena casi a excusa: «de momento no toca operar». Lo primero que piensas es que te están aparcando, que es una forma elegante de decir que ya te llamarán. Pero no. En traumatología, decidir no operar es, muchas veces, tan clínico y tan estudiado como decidir sí hacerlo. Este artículo explica los criterios reales detrás de esa decisión, qué dicen los datos de espera en Cataluña y qué derechos tiene el paciente que sale de consulta con más dudas que respuestas.
Cuánto se espera realmente en Cataluña
Antes de entrar en los criterios clínicos, conviene poner encima de la mesa los números, porque son ellos los que explican por qué tanta gente busca una segunda opinión.
Según los datos de CatSalut analizados por la ACN con fecha de diciembre de 2025, había 209.986 personas pendientes de una intervención quirúrgica, con una espera media de 142 días (frente a los 143 de diciembre de 2024). A eso hay que sumar 195.181 personas en lista para una prueba diagnóstica (un 2,5% menos que el año anterior) y alrededor de medio millón esperando una consulta externa con especialista. En total, 914.769 personas estaban en alguna de las tres listas, la segunda cifra más alta registrada en un mes de diciembre desde que Salut publica estos datos, allá por 2016.
El informe anual del sindicato Metges de Catalunya, presentado en mayo de 2026 con datos de diciembre de 2025, añade un matiz que interesa especialmente aquí: traumatología es la especialidad con mayor espera para primera visita, con 188 días de media, por delante de urología (167) y otorrinolaringología (143). En la región sanitaria del Penedès, por ejemplo, la espera media era de 183 días para una prótesis de rodilla, 170 para una de cadera y 96 para cataratas. Y aunque los tiempos de espera en prótesis mejoraron ligeramente, el número de personas en lista creció: un 1,3% en rodilla y un 7,8% en cadera.
Con estos números encima de la mesa, es completamente razonable interpretar un «no operamos» como una forma de ganar tiempo. El resto de este artículo explica por qué, en la mayoría de los casos, no lo es.
Qué garantiza la ley y qué no
Aquí hay una distinción que casi nadie conoce y que cambia bastante la lectura de todo lo anterior: no es lo mismo un tiempo máximo garantizado que un plazo de referencia.
Tienen tiempo garantizado por ley las intervenciones oncológicas (45 días, 60 en el caso de vejiga y próstata), la cirugía cardíaca (90 días) y tres procedimientos muy concretos de traumatología: cataratas, prótesis de rodilla y prótesis de cadera, con un máximo de 180 días. Si ese plazo se incumple, la administración está obligada a ofrecer otro centro donde realizar la intervención.
El resto de procedimientos se rige por los plazos máximos de referencia que marca la Ordre SLT/102/2015: 90 días si la prioridad es preferente, 180 si es media y 365 si es baja, según el criterio clínico de cada caso. La diferencia práctica es enorme: el tiempo garantizado se puede exigir, el de referencia no. Cualquier paciente puede consultar en La Meva Salut su fecha de inclusión en lista, la previsión de intervención, la media de espera de su centro y el tiempo garantizado que le corresponde. Vale la pena mirarlo antes de asumir que «ya te llamarán».
El derecho a pedir una segunda opinión
Este es, probablemente, el dato con más utilidad práctica de todo el artículo, y el que menos gente conoce. En Cataluña, el derecho a una segunda opinión médica está regulado por el Decret 125/2007, de 5 de juny, y no hace falta tener contactos ni suerte para acceder a él.
Se puede solicitar en varios supuestos: diagnóstico de una enfermedad degenerativa progresiva del sistema nervioso central sin tratamiento curativo, diagnóstico de una enfermedad neoplásica maligna (en el caso de los cánceres de piel, solo si es melanoma), prescripción de un trasplante, diagnóstico de una enfermedad minoritaria de origen genético… y, el que nos interesa aquí, prescripción de una operación de cirugía ortopédica con riesgo de limitación funcional importante, además de neurocirugía, cardiocirugía, cirugía vascular o cirugía oftálmica.
El trámite es más sencillo de lo que suena: se pide con un formulario en la unidad de atención al ciudadano del centro donde se hizo el diagnóstico, o en una unidad de registro oficial. Cada especialidad tiene como mínimo dos centros habilitados para emitir el informe, y es el propio centro quien facilita esa lista; el paciente elige uno de ella, no puede proponer uno por su cuenta. Si el segundo centro necesita más pruebas, se realizan con carácter preferente. Y si esa segunda opinión coincide con la primera, el tratamiento sigue en el centro inicial; si difiere, el paciente puede elegir entre quedarse donde estaba o pasar al centro que emitió el nuevo diagnóstico.
Un derecho reconocido por ley, pensado justo para casos como una cirugía de rodilla o cadera, y que apenas se usa.
Por qué a veces la mejor decisión es no operar
Aquí es donde la cosa se pone interesante, porque no hablamos de intuición médica sino de evidencia bastante sólida.
La artroscopia en la rodilla artrósica
Una revisión Cochrane de 2022 sobre cirugía artroscópica en enfermedad degenerativa de rodilla, ya sea por artrosis, roturas de menisco degenerativas o ambas, concluye que puede afirmarse con seguridad que la artroscopia no aporta beneficios clínicamente relevantes en dolor ni en función. En la misma línea, el ensayo FIDELITY, publicado en el New England Journal of Medicine, encontró que en mayores de 35 años con lesión degenerativa de menisco y sin bloqueo articular real, la meniscectomía artroscópica no fue superior a la fisioterapia supervisada en ningún resultado medido al año.
La descompresión subacromial en el hombro
Una revisión Cochrane de 2019, con evidencia de certeza alta, concluye que frente a una cirugía placebo, la descompresión subacromial no mejora ni el dolor, ni la función del hombro, ni la calidad de vida hasta un año después. El estudio de referencia en este punto es el ensayo CSAW, publicado en The Lancet.
Lo que muestra una resonancia no siempre es lo que duele
Una revisión sistemática publicada en la revista AJNR analizó a más de 3.100 personas sin ningún dolor y encontró degeneración discal en el 37% de los veinteañeros y en el 88% de los sesentones. Dicho de otra forma: ver algo «degenerado» en una imagen no significa que sea eso lo que te duele, es parte esperable de cumplir años. Por eso guías clínicas como la del NICE recomiendan no pedir pruebas de imagen de forma rutinaria ante una lumbalgia, salvo que haya señales de alarma.
Nada de esto significa que operar esté de más. En fracturas, bloqueos mecánicos reales, roturas traumáticas en pacientes jóvenes, artrosis avanzada con prótesis indicada o pérdida de función ya establecida, la cirugía es lo correcto y demorarla perjudica. Así lo resume el doctor Daniel Albareda, especialista en traumatología en Barcelona desde hace años: la decisión de operar o no debería basarse siempre en criterios clínicos concretos, no en si «toca» o no según el calendario.
Qué preguntar en tu próxima consulta
Si sales de una consulta con la sensación de que te han dado largas, estas cinco preguntas ayudan a aclarar el panorama:
- ¿Qué pasa si no me opero: la lesión se estabiliza, mejora o empeora con el tiempo?
- ¿Qué me aporta la cirugía frente a esperar y hacer tratamiento conservador?
- ¿Este hallazgo de la resonancia explica realmente mi dolor o es algo propio de mi edad?
- ¿Qué debo hacer mientras tanto y cuándo tendríamos que reevaluar mi caso?
- ¿Mi situación entra dentro de los supuestos para pedir una segunda opinión?
Llevar estas preguntas apuntadas no garantiza que la respuesta cambie, pero sí garantiza entender por qué se toma una decisión y no otra. Y eso, en medicina, ya es bastante.
