Vivir solo a una edad avanzada implica poder ganar en autonomía a pesar de la edad. Hay personas mayores que hacen la compra, salen a pasear, visitan a sus familiares y llevan su casa sin ayuda diaria. Sin embargo, la preocupación aparece sin avisar, ante situaciones concretas como una caída, un mareo o cualquier percance en el que resulte difícil llegar hasta el teléfono. La teleasistencia nació precisamente para acortar la respuesta en esos momentos.
La persona dispone de un sistema para solicitar ayuda y contactar con una central de atención sin tener que realizar una llamada convencional. Dependiendo de la modalidad contratada, puede utilizar un pulsador, un dispositivo instalado en casa, una aplicación móvil o un reloj inteligente.
¿Cómo funciona la teleasistencia?
Los sistemas más conocidos incorporan un botón de emergencia que puede llevarse como pulsera o colgante. Al pulsarlo se establece la comunicación con el centro de atención, donde un profesional valora qué ocurre y actúa en función de la situación. Si hace falta, puede avisarse a familiares o movilizar los recursos de emergencia correspondientes.
La tecnología ha ampliado bastante estas posibilidades. Un servicio de teleasistencia para personas mayores puede incorporar actualmente atención dentro y fuera del domicilio, geolocalización, activación mediante la voz o aplicaciones para familiares. SICOR teleasistencia El Corte Inglés, por ejemplo, dispone de soluciones domiciliarias y móviles, además de funciones como recordatorios de medicación y citas, llamadas de seguimiento y orientación telefónica de distintos profesionales.
Esta evolución tiene especial importancia para las personas que mantienen una vida activa. El sistema tradicional estaba muy vinculado al domicilio. Los dispositivos móviles permiten que la cobertura continúe durante un paseo, una visita o una salida para hacer algún recado.
¿En qué situaciones puede ser recomendable?
La edad, por sí misma, dice poco. Dos personas de 75 años pueden tener necesidades completamente distintas. Para valorar la teleasistencia conviene observar cómo vive cada una y qué dificultades pueden presentarse en su rutina.
Puede resultar especialmente útil cuando una persona mayor pasa bastantes horas sola, tiene problemas de movilidad o antecedentes de caídas. También es una opción que las familias suelen valorar cuando viven lejos o no pueden estar disponibles de forma permanente.
Otro supuesto habitual aparece cuando comienzan los despistes con la medicación o las citas médicas. Algunos servicios permiten programar recordatorios y realizar llamadas de seguimiento. En estos casos, la utilidad va más allá de responder a una emergencia puntual y entra en el terreno del acompañamiento cotidiano.
La autonomía también cuenta
Instalar teleasistencia en casa puede generar cierta resistencia al principio. Hay quien interpreta el pulsador como una señal de dependencia cuando todavía se siente perfectamente capaz de organizar su vida. Plantearlo como una herramienta de apoyo, y no como una forma de vigilancia, ayuda a entender mejor su finalidad.
La decisión debería contar siempre que sea posible con la opinión de la persona que va a utilizar el servicio. También conviene explicar cómo funciona el dispositivo, practicar una llamada y comprobar que sabe llevarlo correctamente. Un pulsador guardado en un cajón sirve de poco cuando llega una urgencia.
Para los familiares, estos sistemas aportan otro elemento práctico. Algunas modalidades incluyen aplicaciones desde las que pueden conocer la ubicación del usuario, siempre bajo las condiciones y autorizaciones correspondientes, o establecer zonas de seguridad. Esto puede ser útil en determinados casos de desorientación durante las salidas.
Por último, hay una cuestión básica que merece recordarse, y es que la teleasistencia complementa el apoyo familiar, sanitario o profesional que una persona pueda necesitar, pero no reemplaza los cuidados presenciales cuando estos son necesarios.
Su principal valor es mantener una vía de ayuda accesible mientras la persona continúa con su vida diaria. Para alguien que desea seguir viviendo en su casa, conservar sus costumbres y moverse con independencia, saber que puede pedir asistencia con un gesto sencillo puede aportar seguridad tanto a ella como a su entorno.






