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El futuro incierto del edificio fantasma de Cerdanyola: ¿una oportunidad perdida para Mataró?

La venta del emblemático ‘edificio fantasma’ en Mataró marca un nuevo rumbo tras años de abandono y promesas incumplidas sobre vivienda pública.

Nuria Martínez
Nuria Martínez
· 2 min de lectura

Un símbolo de la crisis inmobiliaria

El conocido como “edificio fantasma” en el barrio de Cerdanyola, en Mataró, ha sido vendido a una empresa privada tras más de dieciséis años de abandono. Este inmueble, que se había convertido en un símbolo de la crisis inmobiliaria y la degradación urbana, finalmente cierra un capítulo de incertidumbre sobre su futuro. La venta fue realizada por la Sareb, que había mantenido el edificio sin finalizar durante años.

A pesar de los esfuerzos del Ayuntamiento por adquirir la propiedad y destinarla a vivienda pública, las negociaciones no prosperaron. El consistorio había reservado casi un millón de euros para esta operación y exploró diversas vías legales, incluyendo el derecho de tanteo y retracto. Sin embargo, este recurso no pudo aplicarse debido a que la normativa vigente no contempla su uso para edificaciones inacabadas.

La noticia ha generado reacciones mixtas entre los vecinos del barrio. Algunos celebran que el edificio deje de ser un foco de degradación urbana, mientras que otros lamentan la pérdida de una oportunidad para aumentar la oferta de vivienda asequible en una ciudad donde el acceso a la vivienda se ha vuelto cada vez más complicado. Esquerra Republicana de Catalunya ha criticado duramente esta situación, subrayando la necesidad urgente de ampliar el parque público de alquiler.

A pesar del revés, el gobierno municipal defiende su actuación y asegura haber explorado todas las opciones viables para hacerse con el inmueble. Además, han anunciado que los recursos económicos inicialmente destinados a esta compra serán reintegrados a políticas habitacionales, con planes para incrementar dicha partida en 1,5 millones adicionales en 2026 gracias a acuerdos presupuestarios.

Con la venta consumada a una empresa privada, se abre un nuevo escenario para este esqueleto arquitectónico que ha permanecido inactivo durante más de quince años. Aunque aún no se han revelado los planes específicos del nuevo propietario, existe expectativa sobre si finalmente se completará la construcción o si se transformará en otro tipo de desarrollo urbano.

La situación actual plantea interrogantes sobre cómo afectará esta decisión al barrio y sus residentes. Mientras algunos ven con optimismo el fin del abandono del edificio, otros temen que las iniciativas privadas no satisfagan las necesidades habitacionales locales. El futuro del edificio fantasma queda así marcado por una nueva etapa llena tanto de oportunidades como desafíos.

Nuria Martínez

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Nuria Martínez

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