La alcaldesa de la Vall d’en Bas, Magda Roca, ha expresado su descontento con la respuesta de la Generalitat respecto a las alegaciones presentadas sobre el proyecto de la variante de Olot y Les Preses. Esta infraestructura, que busca completar el eje Vic-Olot y reducir el tráfico en los núcleos urbanos, ha sido objeto de controversia debido a sus posibles impactos ambientales.
Reivindicaciones históricas y preocupaciones ambientales
Desde hace más de tres décadas, la construcción de esta carretera ha sido demandada por diversas entidades del territorio. Sin embargo, su propuesta ha encontrado una fuerte oposición entre grupos ecologistas y agricultores locales. Estos sectores argumentan que el proyecto podría “trocear” el territorio y afectar negativamente a los acuíferos en una región conocida por su fertilidad agrícola.
El Ayuntamiento presentó un total de 42 alegaciones al proyecto, las cuales fueron aprobadas por unanimidad en septiembre de 2025. A pesar de que algunas sugerencias han sido incorporadas al diseño final, Roca sostiene que la respuesta del gobierno catalán no aborda adecuadamente preocupaciones críticas como la protección ambiental y paisajística.
“Es fundamental que todos los aspectos relevantes queden recogidos y valorados antes de ejecutar este proyecto”, afirmó Roca.
Las alegaciones incluyen demandas específicas para mejorar la defensa del suelo agrícola y mitigar el impacto acústico sobre las áreas habitadas cercanas. La alcaldesa subrayó que el Consistorio ha mantenido un “seguimiento constante” del proceso para asegurar que se cumplan estándares rigurosos en cada fase del desarrollo.
A pesar del rechazo local, si se cumplen los plazos establecidos por la Generalitat en marzo pasado, las obras podrían ser licitadas este año con un inicio previsto para comienzos de 2027. La duración estimada para completar esta infraestructura es de 55 meses.
El diseño contempla un recorrido total de once kilómetros, incluyendo un 40% soterrado. Entre sus características destaca un falso túnel bajo tierras cultivables que medirá aproximadamente 900 metros, así como un túnel principal que cruzará el cerro de La Pinya con una longitud total de 2.7 km. Además, se planean dos viaductos sobre el río Fluvià y la riera de Ridaura.
A medida que avanza este debate sobre la variante viaria, queda claro que las tensiones entre desarrollo infraestructural y conservación ambiental seguirán siendo un tema candente en Catalunya. La Vall d’en Bas se encuentra en una posición crítica donde debe equilibrar las necesidades económicas derivadas del tráfico rodado con la protección del entorno natural y agrícola vital para su comunidad.
A medida que se acerque la fecha prevista para iniciar las obras, será crucial observar cómo responden tanto los organismos gubernamentales como los ciudadanos ante este desafío significativo para el futuro sostenible del área.
