La encuesta más disruptiva hasta la fecha confirma el desplazamiento conservador en Cataluña, pero la comunidad sigue siendo granero del PSOE y decisiva para la investidura de Sánchez.
El 29-N está en el horizonte y Cataluña vuelve a ser el tablero donde se decide la investidura. Aunque el conjunto de la sociedad catalana ha virado hacia posiciones más conservadoras, solo el crecimiento de VOX y PP puede alterar los 40 diputados que en 2023 invistieron a Pedro Sánchez. Así lo recoge El Confidencial, que apunta a una tendencia general en la demoscopia.
Los números de hace tres años son el punto de partida: de los 48 escaños que Cataluña envía al Congreso, 19 fueron para el PSOE, 7 para Sumar, 7 para ERC y 7 para Junts. Esa suma dio a Sánchez la presidencia. Ahora, la pregunta es si Cataluña puede repetir ese papel de rescate o si la ola derechista lo impide.
En el análisis de los partidos, Aliança Catalana no se presenta a las generales, por lo que queda fuera de la ecuación. Junts, por su parte, actuará después del 29-N según la aritmética parlamentaria, como ya hizo en 2023 cuando invistió a Sánchez a cambio de la ley de amnistía.
El partido de Santiago Abascal no tiene estrategia regional y se beneficiará del crecimiento en el conjunto de España. Podría poner una silla como candidato en Barcelona, Girona, Lleida o Tarragona y el resultado sería el mismo. Además, la incomparecencia de Aliança Catalana le beneficia, ya que ambos comparten votantes que priorizan el freno a la inmigración.
El PP, en cambio, necesita una estrategia más afinada en Cataluña. Las decisiones sobre su candidato y su línea política se toman en Génova 13, pero Alberto Núñez Feijóo no se conforma con las siglas: busca un corredor local que refuerce su proyecto. El desplazamiento de Sánchez hacia la izquierda amplía el terreno de juego popular para competirle voto al PSOE y arañar sufragios a Junts entre los catalanistas moderados y votantes aspiracionales de Carles Puigdemont.
La cita con las urnas del 29-N definirá si Cataluña vuelve a ser el granero que sostiene a Sánchez o si la pulsión derechista cambia el signo de la investidura. Los partidos ya calientan motores con la vista puesta en esos 48 escaños en juego.



