Un sondeo de Ipsos para La Vanguardia otorga a Aliança Catalana 30 escaños, frente a los 2 actuales, mientras el PSC cae de 42 a 30. La suma de Aliança, Vox, Junts y PP alcanzaría los 75 diputados, por encima de la mayoría absoluta de 68.
El PSC pasaría de 42 a 30 escaños en las próximas elecciones autonómicas, según la encuesta de Ipsos para La Vanguardia, recogida por abc.es. En paralelo, Aliança Catalana se dispararía de 2 a 30 diputados, un crecimiento que cambiaría el mapa parlamentario.
La suma de Aliança Catalana (30), Vox (18), Junts (16) y PP (11) alcanzaría los 75 escaños, por encima de la mayoría absoluta fijada en 68. Son formaciones que, con matices, comparten un modelo de sociedad crítico con el multiculturalismo y el colectivismo.
Aliança Catalana se proclama independentista, pero el discurso de Sílvia Orriols dedica la mayor parte de su argumentario a la inmigración descontrolada y a su impacto en vivienda, educación y sanidad. El partido, de raíz municipal, afronta ahora el reto de crecer sin perder cohesión.
«Seny i ordre»
Ese lema cierra las intervenciones de Orriols y, según el análisis, explica mejor su tirón que el unilateralismo. La falta de banquillo obligará a fichajes que pueden diluir la pureza del proyecto, un riesgo clásico en formaciones que pasan de la nada a la centralidad en poco tiempo.
Junts, que pierde más de la mitad de sus escaños, tendrá que gestionar el regreso de Carles Puigdemont a una Cataluña distinta a la de 2017 y reconectar con el catalanismo moderado que dio mayorías absolutas a Convergència.
Vox deberá elegir entre desmantelar las autonomías o defender la libre empresa y la propiedad privada. El PP, con un electorado fiel pero insuficiente, podría actuar como animador de una gran coalición, aunque compatibilizar a partidos unionistas con separatistas exige acuerdos puntuales, no matrimonios permanentes.
El precedente de Francesc Cambó en octubre de 1934 ilustra esa lógica: ante el golpe socialista en Asturias y la rebelión de Companys, priorizó el Gobierno republicano. La antigua Convergencia, reciclada en independentista, abandonó su matriz liberal y conservadora, y la Cataluña de propietarios, mutualistas y pymes quedó huérfana ante las urnas.
La fuga de más de mil empresas tras la declaración unilateral de independencia de 2017 agravó esa sensación. Ahora, los líderes de las derechas catalanas afrontan la cita electoral con la prioridad de atender a esa mayoría social.



