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Mujeres de Motor Ibérica celebran 50 años de un encierro histórico en Barcelona

En junio se conmemoran 50 años del insólito encierro reivindicativo protagonizado por mujeres en Barcelona.

3 Pau Vila · junio 28, 2026, 06:55 · 3 min de lectura

Más de un centenar de mujeres y niños se encerraron en 1976 en una iglesia para protestar por despidos masivos. Este año, se conmemora su lucha y legado en Sant Andreu.

El pasado 5 de junio, la parroquia de Sant Andreu de Palomar fue el escenario de un emotivo homenaje a las mujeres que protagonizaron un insólito encierro hace medio siglo. En 1976, cerca de 300 amas de casa y sus hijos se encerraron durante 28 días para exigir la readmisión de sus maridos despedidos en Motor Ibérica, una fábrica emblemática conocida por sus camiones Ebro. Esta acción, que tuvo lugar solo dos días después de las Jornades Catalanes de la Dona, marcó un hito en la historia del activismo social y feminista en España.

Las protagonistas del encierro no eran activistas experimentadas; muchas carecían incluso de afiliación política. Sin embargo, su determinación fue inquebrantable. Maruja Ruiz Martos, una histórica figura del PSUC y Medalla de Honor de Barcelona en 2011, recordó: “Teníamos que dar la campanada, hacer algo novedoso para que nos hicieran caso”. La situación era crítica: 1.800 trabajadores habían sido despedidos, lo que llevó a estas mujeres a actuar.

A lo largo del mes que duró el encierro, las participantes se organizaron para cocinar y cuidar a los niños. Con recursos limitados —una pequeña cocina y un solo baño— lograron mantener la convivencia gracias al apoyo solidario del vecindario. “Había días que no podíamos abrir la puerta por tantos donativos”, rememoró Ruiz.

El párroco Josep Camps y su vicario Ignasi Pujades apoyaron sin reservas esta protesta pacífica. Ambos habían regresado recientemente de América Latina, donde habían aprendido sobre teología de la liberación. Su respaldo fue crucial para el desarrollo del encierro: “Cuando tocaba misa, todos los colchones quedaban recogidos”, relató Ruiz.

A pesar del miedo inicial ante la posible intervención policial —algunas mujeres se ataron a sus hijos con cuerdas— el encierro se convirtió en una experiencia transformadora. Mercedes López Ramírez compartió su deseo simple pero poderoso: “Que mi familia pueda hacer vacaciones una vez al año”.

Aunque no lograron revertir los despidos ni recibir atención mediática significativa —solo 65 artículos fueron publicados sobre el tema— su lucha sentó las bases para futuras movilizaciones feministas y sociales. El historiador Pau Vinyes i Roig destacó cómo este evento ayudó a concienciar a muchas mujeres sobre su papel activo en la sociedad.

En el homenaje reciente, alrededor de un centenar de personas asistieron para recordar esta gesta histórica. Los relatos compartidos reflejaron no solo las dificultades enfrentadas sino también los momentos lúdicos vividos durante el encierro: desde ver películas hasta celebrar festividades locales como la verbena de Sant Joan.

A pesar del contexto adverso marcado por años difíciles bajo el franquismo y atentados extremistas en el barrio, la solidaridad entre vecinos fue notable. Vinyes recordó cómo muchos comerciantes ofrecieron alimentos mientras las familias colaboraban con donaciones.

No obstante, aunque no consiguieron su objetivo inmediato respecto a los despidos laborales, este episodio es recordado como un punto clave que impulsó otras luchas sociales posteriores. Las mujeres involucradas salieron fortalecidas e inspiradas para participar activamente en asociaciones vecinales y sindicatos tras finalizar el encierro.

A medida que se cumplen cinco décadas desde aquel evento significativo, es importante reconocer cómo estas acciones han influido en generaciones posteriores y continúan resonando hoy día entre quienes luchan por derechos laborales y sociales.

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Pau Vila

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