La ciudad de Barcelona se enfrenta a un dilema patrimonial en Vall d’Hebron, donde las ruinas del campo olímpico de tiro con arco diseñado por Enric Miralles y Carme Pinós están en un estado de abandono desde hace casi dos décadas. Este martes, el grupo municipal Barcelona en Comú presentará una propuesta al gobierno local para iniciar las obras que permitan recuperar este importante legado vinculado a los Juegos Olímpicos de 1992.
Un patrimonio olvidado
Las instalaciones, que alguna vez fueron parte del vibrante escenario olímpico, han sido relegadas a un solar municipal junto a unas pistas de pádel. Desde su transformación en un campo de fútbol y rugby tras los Juegos, el espacio ha sufrido un deterioro significativo. En 2008, se desmontó el pabellón que albergaba vestuarios y bar, una obra reconocida con el premio Ciutat de Barcelona de Arquitectura. Hoy, los restos del edificio se encuentran expuestos a la intemperie bajo la Ronda de Dalt.
Pau Gonzàlez, representante de BComú, ha expresado su preocupación por la situación actual del CEM Vall d’Hebron. “Cerca de 1.700 usuarios siguen sin acceso a agua caliente y las gradas están cerradas por riesgo estructural”, afirmó Gonzàlez. Además, los vestuarios provisionales han sido criticados por no cumplir con las condiciones mínimas necesarias para la práctica deportiva.
El deterioro del complejo deportivo ha llevado incluso a sanciones contra la Fundación Marcet, actual gestora desde 2019. La situación es tan crítica que el Síndic de Greuges ha denunciado la “vulneración del derecho a practicar deporte en condiciones óptimas”. La falta de acción durante años ha generado frustración entre los usuarios y defensores del patrimonio arquitectónico.
A pesar del compromiso inicial por parte de GISA (la empresa pública catalana) para reconstruir el edificio tras su demolición —un proyecto que debería haber honrado la memoria del fallecido Miralles— no se han realizado avances significativos desde entonces. “Han pasado casi dos décadas y nada se ha movido”, lamentó Gonzàlez.
La teniente de alcalde Laia Bonet podría recordar al grupo BComú su paso por el gobierno durante ocho años sin lograr desatascar esta problemática. Sin embargo, existe una oportunidad para unir esfuerzos y revitalizar este espacio emblemático antes que sea demasiado tarde. El coste estimado para llevar a cabo la reconstrucción asciende a aproximadamente 4 millones de euros, una inversión necesaria para devolverle vida al legado olímpico barcelonés.
A medida que Barcelona continúa destacándose como capital mundial de la arquitectura y cultura, es imperativo que no permita que su historia se deteriore en un solar público. La propuesta comunera busca no solo restaurar un espacio olvidado sino también dignificar las instalaciones deportivas locales y garantizar derechos básicos para sus usuarios.
