La comunidad educativa del Institut Sants de Barcelona se muestra consternada tras el cierre de su recién inaugurada biblioteca, 'El far de Sants', para dar cabida a un nuevo grupo de 1º de ESO. Esta decisión ha generado críticas sobre la importancia del espacio bibliotecario en la educación.
Menos de un mes después de su apertura, la biblioteca ‘El far de Sants’ del Institut Sants en Barcelona ha sido cerrada para habilitar un aula adicional para el nuevo grupo de 1º de ESO que se incorporará al centro el próximo curso. La noticia ha causado una profunda preocupación entre profesores, alumnos y padres, quienes consideran que esta medida representa un retroceso significativo en el fomento de la lectura y el acceso al conocimiento. “Cerrar una biblioteca escolar es inadmisible”, expresó el Col·legi Oficial de Bibliotecaris-Documentalistes de Catalunya (COBDC) en redes sociales, instando al Consorcio de Educación a revertir esta decisión. La biblioteca fue inaugurada a finales del curso escolar anterior tras cuatro años de trabajo por parte del claustro docente y la comunidad educativa. Sin embargo, ahora se enfrenta a un futuro incierto debido a la falta de espacio adecuado para atender al nuevo alumnado asignado sin recursos adicionales. “No se nos proporcionan los medios necesarios”, denunciaron los docentes en un manifiesto público. El consorcio argumenta que este grupo estará ubicado provisionalmente en la biblioteca hasta que se completen las obras necesarias para su aula definitiva, aunque estas aún no han comenzado debido a trámites burocráticos pendientes. Este tipo de decisiones refleja una tendencia preocupante en Catalunya, donde las bibliotecas escolares enfrentan desafíos constantes por falta de apoyo institucional y recursos adecuados. Históricamente, las bibliotecas escolares han sido fundamentales para atender la diversidad y proporcionar apoyo académico a aquellos estudiantes que lo requieren. En este caso particular, los muebles fueron diseñados por usuarios del centro de salud mental Les Corts y muchas actividades colaborativas fueron realizadas por el profesorado para enriquecer el espacio bibliotecario. A pesar del esfuerzo colectivo por crear un entorno propicio para el aprendizaje, ahora se ven obligados a renunciar a este recurso esencial. La situación pone en evidencia las carencias estructurales que afectan no solo al Institut Sants sino también a otras instituciones educativas en Catalunya que luchan por mantener sus bibliotecas operativas frente a decisiones administrativas que priorizan otros espacios sobre estos centros culturales vitales. Con la llegada del nuevo curso escolar programada para septiembre, muchos miembros del claustro esperan que se reconsideren estas decisiones antes del inicio oficial.
