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Cómo ganar una habitación de invitados sin tener una habitación de más

El salón puede convertirse en un dormitorio perfecto sin renunciar a nada durante el día, y la clave está en elegir bien el mueble que hace ese cambio posible.

Redacción de Barcelona Press
Redacción de Barcelona Press
· 5 min de lectura

Hay una pregunta que se repite en muchas casas cuando llega alguien a pasar la noche: ¿dónde lo metemos? Porque no todo el mundo tiene una habitación libre esperando invitados, y montar un colchón hinchable en el suelo del salón tiene ya un aire un poco de campamento improvisado. La buena noticia es que el salón puede hacer dos trabajos a la vez sin que eso se note ni se sufra.

La solución más razonable, y la que más está ganando terreno en casas de tamaño normal, pasa por un buen sofa cama. No hablamos del clásico sofá que se convierte en cama a base de esfuerzo y maldiciones, sino de sistemas pensados para que el cambio sea rápido y, sobre todo, para que la cama resultante se pueda usar más de una noche sin quejas de espalda.

Y aquí es donde conviene pararse un momento, porque no todos los sofás cama están cortados por el mismo patrón. Existen los sofas cama de apertura italiana, que se diferencian del resto en un detalle que parece pequeño pero que cambia bastante la experiencia: el colchón es independiente de los asientos, no la misma tela del sofá doblada sobre sí misma. Según el modelo, ese colchón puede tener entre 12 y 24 centímetros de grosor, así que la sensación al dormir se parece más a una cama de verdad que a un favor que te hace el mueble.

Qué hace especial la apertura italiana

El sistema se abre hacia delante, de forma sencilla, y lo mejor es que normalmente no hace falta quitar los cojines para desplegarlo. Eso, que suena a detalle menor, es justo lo que marca la diferencia entre un sofá cama que se usa de verdad y uno que acaba condenado a estar siempre plegado porque abrirlo es una odisea.

Un colchón que no depende del sofá

Al ser una pieza separada, el colchón no hereda los defectos típicos del tapizado del sofá ni se hunde en el mismo sitio donde uno se sienta cada tarde a ver la televisión. Esto tiene su lógica: un cojín pensado para sentarse y un colchón pensado para dormir no deberían ser jamás la misma pieza, por mucho que a veces lo sean.

Cuándo compensa dar el salto

Si el sofá cama se va a usar de vez en cuando, para una visita puntual una vez al mes, cualquier solución básica puede cumplir. Pero si en casa hay invitados con cierta frecuencia, si hay una habitación que hace doble función de estudio y cuarto de invitados, o simplemente se quiere tener la opción de dormir bien sin depender de otra estancia, ahí es donde un sofá cama de apertura italiana empieza a justificar su precio.

Otras formas de sacarle partido al salón

La apertura italiana no es la única vía para ganar versatilidad, aunque sí suele ser la más completa. Los sofás con asientos extensibles, por ejemplo, permiten alargar el espacio de descanso sin necesidad de convertir el mueble en una cama al uso, algo útil para una siesta larga o para estirar las piernas un rato. Y luego están los sofás cama más sencillos, los de toda la vida, que siguen teniendo su sitio en casas donde el uso va a ser realmente ocasional y no se busca más que salir del paso una noche puntual.

La cuestión, al final, es no comprar de más ni de menos. Un sofá cama pensado para una vez al año no necesita las mismas prestaciones que uno que va a acoger a alguien cada dos por tres, igual que tampoco tiene mucho sentido conformarse con lo mínimo si el plan es dormir en él con regularidad.

Fabricación española y trato cercano, algo que también pesa

Más allá del mecanismo o del grosor del colchón, hay un factor que a menudo se pasa por alto: quién fabrica el sofá y cómo lo hace. Tapizados Hernández lleva años elaborando sofás y sofás cama en España, algo que se nota tanto en la calidad de los materiales como en la posibilidad de resolver dudas hablando con alguien que realmente conoce el producto, no con un catálogo genérico traducido a toda prisa.

Esa cercanía se traduce en cosas muy prácticas: poder preguntar por el grosor exacto del colchón antes de decidirse, elegir tapizado pensando en el uso real que se le va a dar, o simplemente tener a quién llamar si algo no encaja como se esperaba. En un mueble que va a pasar tanto tiempo en el salón como el sofá, esos detalles terminan pesando más de lo que parece a primera vista.

Al final, convertir el salón en una habitación de invitados sin que lo parezca durante el día es más cuestión de elegir bien el mueble adecuado que de hacer grandes obras en casa. Y entre tantas opciones, saber qué sistema se ajusta a cómo se vive realmente esa estancia es lo que marca la diferencia entre un acierto y un sofá que acaba acumulando polvo en modo cama.