Una reciente encuesta revela un cambio significativo en los valores de los barceloneses, con un aumento del individualismo y una creciente desconfianza hacia las instituciones. Este fenómeno se produce a pesar de la bonanza económica actual.
Un cambio radical en los valores sociales se ha evidenciado en Barcelona, según la última edición de la encuesta de valores sociales, que se realiza cada cuatro años desde 1998. En esta octava edición, más de 2.000 entrevistas realizadas entre noviembre de 2025 y febrero de 2026 muestran un notable viraje ideológico hacia actitudes más individualistas y materialistas. Aunque los barceloneses que se consideran progresistas aún son mayoría, su influencia está disminuyendo, mientras que crece la preocupación por temas como la vivienda y la seguridad.
La encuesta indica que valores fundamentales como la libertad y la igualdad han alcanzado niveles históricamente bajos. A su vez, el deseo de seguridad ha aumentado drásticamente, con un incremento del 16% desde 2021. Esta paradoja es especialmente notable dado que Barcelona atraviesa una etapa económica favorable.
A pesar del contexto positivo, el sondeo refleja una creciente incertidumbre entre los ciudadanos sobre su futuro económico y social. La percepción del desempleo ha disminuido considerablemente; sin embargo, el número de personas preocupadas por la crisis habitacional sigue siendo alarmante. En este sentido, el informe destaca que nunca antes había habido tantos ciudadanos durmiendo en la calle.
No obstante, el interés por cuestiones como el ecologismo o el multiculturalismo ha caído en picado.
A medida que avanza este cambio cultural, también se observa un descenso en la participación política activa. La disposición a participar en manifestaciones o huelgas ha alcanzado su nivel más bajo desde que se realizan estas encuestas. Esto refleja un desapego generalizado hacia las instituciones democráticas y una apertura a discursos autoritarios entre algunos sectores de la población.
El análisis también señala un aumento en las opiniones favorables hacia posturas autoritarias: actualmente, el 6,6% de los encuestados apoya abiertamente este tipo de régimen político. Por otro lado, aquellos que no muestran preferencia entre democracia o autoritarismo han llegado al 12,7%, lo cual indica una creciente apatía política.
A pesar del descenso en las actitudes progresistas tradicionales, hay quienes todavía defienden estos principios; sin embargo, sus números están disminuyendo rápidamente. La encuesta muestra que solo 36,2% considera estudiar como una herramienta para formarse como persona frente al doble porcentaje anterior que buscaba ganar dinero.
A medida que nos acercamos a las elecciones municipales programadas para mayo de 2027, Barcelona enfrenta desafíos significativos relacionados con esta transformación social. Los analistas advierten sobre un “cansancio” respecto a los valores progresistas y sugieren que esto podría influir en los resultados electorales venideros.
Pese a todo esto, hay aspectos positivos: aumenta la confianza hacia ciertas instituciones como sindicatos y tribunales; sin embargo, cae notablemente la fe en organizaciones internacionales como ONGs o la Unión Europea.
A medida que Barcelona navega por este nuevo paisaje ideológico marcado por el individualismo y el escepticismo político creciente, queda claro que los ciudadanos deben replantearse sus prioridades colectivas e individuales si desean construir una sociedad más cohesionada.
