Hay personas que pasan por la vida dejando un rastro de trabajo impecable sin que casi nadie sepa su nombre. Lucho Soriano es exactamente eso. Estilista, peluquero y maquillador profesional, un profesional que ha trabajado con lo mejor del cine y la televisión españoles, acumula una nominación a los Goya y ha puesto sus manos sobre los actores más conocidos del país, y aun así la mayor parte del público lo identifica únicamente como «el novio de Anna Simón». Que conste que hay peores presentaciones, pero la suya merece bastante más que eso.
Su nombre real es Luis Soriano, aunque todo el mundo en el sector lo conoce como Lucho. Un apodo que, por cierto, le pega bastante más que su versión formal. Este catalán lleva décadas trabajando entre platós, sets de rodaje y festivales de cine construyendo en silencio una trayectoria que muchos en la industria envidiarían. Y sin Instagram corporativo, sin apariciones en revistas de moda y sin necesidad de que nadie lo vea. Algo que, en tiempos de personal branding compulsivo, resulta casi revolucionario.
Su carrera profesional: de los platós de televisión al cine de autor
La profesión de este catalán es la de estilista y fue gracias a este trabajo como Anna y él se conocieron. Durante varias temporadas, Lucho ha ejercido de peluquero en Tu cara me suena, el programa de imitaciones de Antena 3 que se convirtió en el punto de partida de una historia personal que nadie esperaba.
Pero limitarlo a la televisión sería quedarse muy corto. La verdadera dimensión profesional de Lucho Soriano está en el cine, y ahí el currículum habla por sí solo. Ha participado en el departamento de maquillaje y peluquería de películas como Tres metros sobre el cielo, la cinta que catapultó a Mario Casas; El fotógrafo de Mauthausen, también con Casas en un papel dramático que exigía una caracterización impecable; Campeones, la película de Javier Fesser que arrasó en taquilla; Superlópez; y Durante la tormenta, de Oriol Paulo. Una lista que ya daría para presumir en cualquier cena de empresa.
Pero es que además, Lucho Soriano trabajó en Wonder Woman 1984, la producción de DC protagonizada por Gal Gadot. Efectivamente: el discreto catalán que no aparece en las revistas del corazón ha trabajado en una superproducción de Hollywood. Por si alguien tenía dudas sobre el alcance real de su carrera, ahí queda eso.
La nominación al Goya que lo dice todo
El reconocimiento más destacado de su trayectoria llegó de la mano del cine más exigente. Lucho Soriano recibió una nominación al Goya en la categoría de Mejor Maquillaje y Peluquería por la película Historia de mi muerte, dirigida por Albert Serra. Fue nominado junto a Mariona Trias. Quien conozca la obra de Serra sabrá que no es un director que haga concesiones: sus proyectos tienen una identidad visual muy marcada y trabajar en ellos requiere dominar un lenguaje estético específico y exigente.
Una nominación a los Goya no es un accidente ni un golpe de suerte. Es el reconocimiento de que alguien en la industria sabe exactamente lo que hace. Y en el caso del trabajo en caracterización, eso implica transformar actores, sostener una coherencia visual a lo largo de semanas de rodaje y adaptarse a las exigencias de cada director. No es glamour, es oficio puro.
Series y ficción televisiva
Más allá del cine, Lucho Soriano ha trabajado en ficciones como Hache, Velvet Colección y la ya mencionada Campeones. Velvet Colección es especialmente significativa, ya que se trata de una producción con una fuerte carga estética vinculada al universo de la moda y el diseño de los años sesenta y setenta, donde el trabajo de caracterización y vestuario tiene un peso narrativo enorme. Que Lucho formara parte de ese equipo habla de su versatilidad y de su capacidad para moverse entre géneros y registros muy distintos.
Cómo se conocieron Lucho Soriano y Anna Simón
La historia tiene algo de película, aunque bastante menos dramática que las que él suele trabajar. Lucho Soriano y Anna Simón se conocieron en 2012, precisamente en el plató de Tu cara me suena. Ella participaba como concursante en la segunda edición del programa y él estaba en el equipo de estilismo. Entre brushing y brushing, saltó la chispa.
Él la esculpía en betún como parte del equipo de caracterización del programa de imitaciones para disfrazarla de JLo cuando surgió el amor. Que nadie diga que el trabajo no tiene sus ventajas.
Desde ese momento, la relación se mantuvo en un hermetismo casi absoluto. La periodista mantiene desde 2012 una discreta relación con su novio, el reconocido estilista catalán, quien ha optado siempre por quedarse en un segundo plano. Anna Simón, que ha pasado por programas como Zapeando, El Hormiguero y Tonterías las justas, nunca ha publicado una sola foto junto a Lucho en sus redes sociales. Ni una. Para el estándar de una presentadora de televisión con cientos de miles de seguidores, eso es un ejercicio de voluntad poco habitual.
El momento en que todo salió a la luz
Durante años, la relación fue un secreto bien guardado. La primera vez que fueron vistos juntos en una gala fue en 2013 durante la coronación de Anna Simón como «Reina del Cava», y se pudo notar que Lucho estaba ya muy integrado dentro de su familia. A pesar de esto, al ser consultada sobre la relación que estos dos mantenían, Anna Simón se dedicó a responder solo con un «no hablo de mi vida privada».
El secreto se mantuvo hasta que llegó la noticia del embarazo. La presentadora y su chico estaban recibiendo las felicitaciones de familiares y amigos, entre los que se encuentran los compañeros de profesión de la periodista, como es el caso de Miki Nadal: «¡Ahí está la vida! Enhorabuena, Simona, da gustico ver tu cara de felicidad. Disfrútalo mucho y dale un beso a Lucho». Un comentario bienintencionado que, sin querer, confirmó públicamente lo que muchos sospechaban pero nadie había podido verificar.
La llegada de Aina, su hija en común
Tras diez años juntos, ambos dieron un paso más en su relación y se convirtieron en padres de la pequeña Aina. El nombre elegido no fue casualidad. Aina es el nombre mallorquín de Ana, una variante distinta a la forma catalana más habitual del nombre. A pesar de que la periodista es de Mollet, la pareja optó por Aina en lugar de Anna. Una elección que dice algo sobre su carácter: nada de lo más evidente, siempre con un matiz propio.
La pequeña Aina nació el 29 de abril de 2022. La propia Anna Simón anunció la llegada de su hija con una fotografía en redes sociales acompañada del mensaje: «29-04-22. Desde hace cuatro días soy la persona más feliz del mundo». Una publicación que superó los 80.000 ‘me gusta’ y los dos mil comentarios.
La discreción como seña de identidad
En cuanto a su popularidad, su cara no es muy conocida por el gran público. Anna Simón no lo muestra en sus redes sociales, algo que apunta a que él prefiere no ser reconocido. Pero algunos de los participantes de las diferentes ediciones de Tu cara me suena han compartido alguna imagen de Lucho Soriano, mostrando su trabajo en las labores de estilismo del espacio.
Esta actitud contrasta radicalmente con el ecosistema mediático en el que se mueve su pareja, y es precisamente lo que hace a Lucho Soriano un personaje interesante. En un sector donde la visibilidad se confunde con el talento, él ha optado por el camino inverso: que el trabajo hable, que los créditos en taquilla hablen, que una nominación a los Goya hable. Y funciona.
Un perfil profesional que trasciende las etiquetas
Lo que define a Lucho Soriano no es ser la pareja de Anna Simón, aunque eso sea lo primero que aparece cuando se busca su nombre. Lo que le define es haber construido una carrera sólida en uno de los departamentos más exigentes y menos valorados públicamente de la industria audiovisual: la caracterización. Transformar a un actor para que resulte creíble en un papel requiere conocimiento técnico, criterio estético y, sobre todo, capacidad de trabajo en equipo y bajo presión.
Desde Velvet Colección hasta Wonder Woman 1984, pasando por el cine de autor de Albert Serra, Lucho Soriano ha demostrado que se puede construir una carrera brillante sin necesitar que nadie sepa tu apellido en la cola del supermercado. Y eso, en el fondo, es mucho más difícil de lo que parece.
