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Francisco Cacho, el físico que cambió el fútbol por el mapa del tiempo

Francisco Cacho, el meteorólogo de laSexta: del fútbol a la física, su premio Antena de Plata y por qué mantiene su vida privada en secreto.

1 Marta Sanz · junio 3, 2026, 23:30 · 5 min de lectura

Pocos presentadores del tiempo consiguen que la gente se quede en el sofá después de saber si mañana lloverá. Francisco Cacho es uno de ellos. El meteorólogo de laSexta ha logrado que su sección, esa que históricamente servía para ir a por palomitas, se convierta en cita fija. Y lo ha hecho sin trucos: con ciencia de verdad, una forma muy suya de explicarla y, todo sea dicho, un magnetismo que le ha valido tantos titulares como sus borrascas.

Pero detrás del señor que te dice si coger paraguas hay una historia mucho más interesante de lo que cabría en un parte meteorológico. Spoiler: este hombre no llegó a la tele por casualidad.

De Zamora a los platós

Francisco Cacho Morgado nació en Zamora en 1985, así que ronda la cuarentena. Desde crío tuvo dos pasiones que parecían condenadas a no entenderse: las ciencias y el deporte. Y, lejos de elegir, decidió quedarse con las dos a la vez, que para algo es uno terco de provincias.

Antes de los mapas isobáricos, su sueño llevaba botas. Llegó a jugar como defensa en el Zamora B, equipo semiprofesional de su tierra. Imaginadlo: el mismo tipo que hoy te explica con calma por qué viene una DANA, repartiendo entradas en el barro un sábado por la tarde. La vida da estos giros tan poco dramáticos y tan divertidos.

La ciencia ganó la partida

El fútbol quedó como afición, porque por el camino se cruzó algo más fuerte: la Física. Cacho se licenció en la Universidad de Salamanca y, no contento con eso, se especializó con un máster en Meteorología en la Universidad Complutense de Madrid. Vamos, que cuando te habla de la atmósfera no está improvisando ni leyendo un teleprónter con cara de circunstancias. Sabe perfectamente de qué va la cosa.

Esa base científica es, precisamente, lo que distingue su forma de comunicar. No vende el tiempo como un espectáculo de catástrofes, sino que traduce lo complejo a lo cotidiano sin perder el rigor. Y el público lo nota.

El reconocimiento llega

Que conecte con la audiencia no es solo percepción. En junio de 2024 recibió la Antena de Plata, otorgada por la Asociación de Profesionales de Radio y Televisión de Madrid, en reconocimiento a esa manera didáctica y cercana de contar la meteorología. Para un señor que empezó analizando isobaras, no está nada mal el ascenso a niño mimado de la pantalla.

Su estilo combina precisión y naturalidad, una mezcla rara en un medio donde a menudo se prima el grito sobre el dato. Quizá por eso su presencia en redes sociales no ha parado de crecer, con una comunidad que le sigue tanto por aprender como por simple simpatía.

Más que el chico del tiempo

Reducir a Cacho al mapa de España sería injusto, porque el hombre tiene más facetas que un cristal tallado. Confiesa ser amante de Madrid y del buen comer, una declaración de principios con la que es difícil no congeniar. Cuida su faceta fitness, disfruta de las actividades al aire libre y, cuando puede, se escapa a montar a caballo en la finca familiar. Nada de poses: pura vida de campo.

Y por si la mezcla no fuera ya lo bastante variada, también ha coqueteado con el mundo de la moda, desfilando para diseñadores y posando en sesiones fotográficas. Físico, exfutbolista, meteorólogo premiado y modelo. Si esto fuera un currículum de ficción, lo tacharíamos de exagerado.

Su vida privada, bajo siete llaves

Y llegamos al asunto que despierta más curiosidad. Cuando alguien se pregunta por la pareja actual de Francisco Cacho, se topa con un muro educado pero firme: no hay nada confirmado. El meteorólogo ha decidido, con toda la coherencia del mundo, mantener su vida sentimental lejos de los focos.

No ha presentado a nadie como su pareja, no ha hecho declaraciones al respecto y no se le conocen apariciones públicas que confirmen una relación estable. Conviene matizarlo bien, porque aquí mucha gente saca conclusiones a la ligera: que no haya información no significa que no exista una relación, sino simplemente que él no ha querido compartirla. Y eso, en pleno festival de la sobreexposición, hasta se agradece.

Hubo un momento que dio para sonrisas: en una visita al programa Zapeando, Cacho reconoció que conocía de una fiesta anterior a la colaboradora Valeria Ros, lo que desató bromas y comentarios cómplices en el plató. Anécdota simpática, sí, pero nada más que eso. Ni romance, ni confirmación, ni titular real. Solo dos personas que coincidieron en una fiesta y un plató que se vino arriba.

Por qué su discreción funciona

Lo interesante de Cacho es que su reserva no resta, suma. En un panorama donde muchos rostros conocidos exprimen cada detalle de su intimidad, él ha optado por dejar que sea su trabajo el que hable. Y paradójicamente, esa elección lo hace más atractivo: cuanto menos cuenta, más se le quiere preguntar.

Al final, la figura de Francisco Cacho se entiende mejor mirando lo que sí enseña que lo que esconde. Un tipo que pasó del barro de un campo de Tercera a explicar el cielo en prime time, que combina la física con el desfile y el caballo con la cámara. Su vida amorosa seguirá siendo un misterio mientras él quiera, y mientras tanto nos quedan un currículum de récord y un parte del tiempo que apetece ver.

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Marta Sanz

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