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Lleida lidera el crecimiento económico de Cataluña con un alza del 3,5% en 2025

El VAB de Lleida creció un 3,5% en 2025, el mayor de Cataluña, impulsado por el sector primario (+13,5%) y la construcción (+5,8%), según el Anuari Econòmic Comarcal BBVA.

Marta Sanz
Marta Sanz
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El valor añadido bruto de la provincia de Lleida creció un 3,5% en 2025, el mayor aumento de Cataluña, impulsado por el sector primario (+13,5%) y la construcción (+5,8%), según el Anuari Econòmic Comarcal BBVA.

El Anuari Econòmic Comarcal BBVA 2025, elaborado por Josep Oliver, catedrático emérito de Economía Aplicada de la UAB, y presentado junto al director territorial de BBVA en Cataluña, José Ballester, sitúa a Lleida al frente del crecimiento catalán. El informe, avanzado por moncloa.com, detalla que el valor añadido bruto (VAB) de la provincia aumentó un 3,5% durante el pasado ejercicio, por delante de Barcelona (3,1%), Girona (2,8%) y Tarragona (2%).

El dinamismo leridano se apoya en dos sectores clave. El sector primario elevó su valor añadido un 13,5%, mientras que la construcción lo hizo un 5,8%. Estos datos contrastan con la evolución más moderada de otras zonas: las Terres de l'Ebre crecieron un 1,3% y el Camp de Tarragona un 2,2%, lastrados por el peso de la industria química y energética, más expuesta a los ciclos internacionales.

El patrón de recuperación económica en Cataluña ha cambiado. Durante décadas, las crisis se superaban primero en el eje de la AP-7 y desde allí se extendían al resto. Ahora, varias comarcas del interior superan la media catalana. El Pla de Lleida avanzó un 3,7%, por delante del Área Metropolitana de Barcelona (3,1%) y de las comarcas de Girona (2,9%). Otras zonas como el Pla de l'Estany, la Garrotxa, Osona y el Bages también ganaron impulso.

En el conjunto de Cataluña, el VAB creció un 3% y el PIB un 2,7%. Los servicios, que concentran cerca de tres cuartas partes de la actividad, mantuvieron un ritmo sólido con un 3,1% más. El sector primario catalán avanzó un 9,4% gracias a la recuperación agrícola, mientras la industria se quedó en un 1,5%, afectada por la incertidumbre internacional.

Desde 2019, los servicios privados productivos (finanzas, telecomunicaciones, transporte, investigación) han elevado su VAB un 25,6%. Los servicios personales (hostelería, comercio, consumo y turismo) crecieron un 12,4%, y los colectivos (administración, educación y sanidad) un 10,1%.

Cataluña crece, pero ya no crece solo donde siempre: el dinamismo se ha instalado en las comarcas que llevaban años esperando turno.

El liderazgo de Lleida, sin embargo, descansa sobre bases frágiles. El 13,5% del sector primario es un dato excelente y volátil a la vez, porque depende de la cosecha, del precio de la fruta y, sobre todo, del agua disponible. Las comarcas de Lleida conocen bien los avisos por sequía y las limitaciones de riego en el Segrià y el Urgell, con la Agència Catalana de l'Aigua como árbitro del grifo. Un año bueno de cosecha produce un salto del 13,5%; un año malo lo deshace. La construcción, con un 5,8%, tampoco es un motor que convenga confundir con productividad.

La comparación entre territorios admite una segunda lectura. Las Terres de l'Ebre y el Camp de Tarragona crecen menos porque su PIB depende de la industria química, de la energía y de grandes complejos que responden a ciclos internacionales, no a la campaña agrícola. En cambio, comarcas como Osona o el Bages, con un tejido industrial más diversificado y servicios productivos, han rentabilizado mejor el tirón.

Josep Oliver espera que la tendencia se consolide y sitúa dos condiciones: que la productividad gane peso en el debate económico catalán y que la industria manufacturera recupere el pulso perdido por la incertidumbre geopolítica del año pasado. Recuperar fábricas y no solo servicios es lo que separa un año bueno de un cambio de modelo.

Los datos de contabilidad regional que publica el IDESCAT permitirán comprobar en los próximos trimestres si el desplazamiento hacia el interior es coyuntural o estructural. La próxima edición del Anuari, que BBVA presenta cada otoño, servirá de termómetro. Mientras tanto, conviene retener una idea sencilla: el motor catalán tiene ahora más cilindros y algunos están tierra adentro.

Marta Sanz

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