Los Mossos d'Esquadra dan por hecho otro episodio de disturbios de Blocus el sábado 31 de octubre y avanzan que habrá más detenciones tras los 133 arrestos del fin de semana anterior.
Los nuevos arrestos se sumarán a los 133 detenidos del fin de semana anterior, de los que 85 eran menores de edad. Lo explicó el director general de los Mossos, Ferran López, en la comisión de Interior del Parlament. La investigación penal sigue abierta y los analistas revisan ahora las identificaciones para determinar el papel de cada arrestado.
La convocatoria no nació el sábado 24. Según la cronología expuesta en sede parlamentaria, los primeros grupos de WhatsApp aparecieron el martes 20 de octubre. Al día siguiente, los investigadores localizaron un perfil con unos cien seguidores que difundía un cartel para ese sábado a las 17:00 en la plaza de Catalunya.
La comisaria jefa, Sílvia Catà, insistió en que un cartel o un grupo de mensajería no bastan por sí solos para concluir que una concentración acabará en altercados. Los agentes valoran quién la promueve, si hay día, hora y lugar concretos, cómo crece el número de seguidores y si aparecen llamadas explícitas a la violencia.
Esa tarde el dispositivo ya estaba desplegado. Más de 30 unidades de orden público cubrían la plaza y su entorno, y los agentes identificaron a 300 personas y retiraron material pirotécnico, aerosoles y piedras antes de los primeros lanzamientos.
Los participantes no formaron una concentración convencional. Eran grupos pequeños de jóvenes de entre 12 y 20 años, vestidos de negro, que se repartían por el centro y retrocedían al detectar presencia policial. A las 18:30 llegaron los lanzamientos de objetos, los cortes de calle y las barricadas, y a las 19:00 empezaron los saqueos.
El balance fue de 23 establecimientos afectados en un perímetro que va de la plaza de la Universitat a Urquinaona, y de Portal del Ángel a La Rambla. Es la misma zona que vecinos, comerciantes y visitantes recorren a diario en el centro de Barcelona.
La consejera de Interior, Núria Parlon, ha advertido de un nuevo episodio de violencia y ha pedido la implicación de las familias. Según sus palabras, la respuesta policial será:
firme, contundente y decidida.
La otra batalla se libra en las redes. Los Mossos mantienen contacto con TikTok, Instagram y Telegram y pueden pedir judicialmente la identificación de usuarios o el cierre de canales. En lo que va de 2026 han cursado unos 1.600 requerimientos de este tipo.
El anonimato en las redes no equivale a impunidad.
El último episodio que el cuerpo considera comparable es el de las protestas por el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél, en febrero de 2021, con 17 menores detenidos. El sábado 24 fueron 85, cinco veces más.
Para el 31 de octubre hay además una tercera vía abierta: recurrir al Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), dependiente del Ministerio del Interior, para intentar bloquear los canales que llaman a repetir los altercados. Según Catà, es la única de las convocatorias que monitoriza la Comisaría General de Información impulsada por un actor externo, y todavía no se sabe quién está detrás.
La comisaria jefa descarta una amenaza generalizada.
No nos encontramos frente a una amenaza generalizada para la seguridad pública ni ante un fenómeno extenso en la juventud.
Catà describe lo ocurrido como un fenómeno nuevo de violencia juvenil con pérdida de respeto a la autoridad policial.
Los Mossos no han concretado el despliegue del sábado 31, pero el patrón del 24 marca la pauta: la franja crítica arranca hacia las 18:00 en el centro de Barcelona.



