Más de 3.300 personas se encuentran actualmente en alojamientos temporales en Barcelona, según datos del Ayuntamiento presentados por la teniente de alcalde de Derechos Sociales, Raquel Gil. Este número representa un aumento significativo en comparación con años anteriores y refleja la creciente crisis habitacional que afecta a la ciudad.
Aumento alarmante de familias sin hogar
El informe revela que 1.100 familias, de las cuales cerca del 87% tienen menores a su cargo, están siendo atendidas en pensiones, hostales y otros tipos de estancias provisionales. Esta situación ha sido impulsada por diversos factores, incluyendo desahucios y violencia machista, así como la llegada de solicitantes de asilo a España.
Las cifras son preocupantes: el número total de personas alojadas ha crecido un 12,1% desde marzo de 2024, cuando había 2.950. Comparado con 2022, el incremento es aún más notable, alcanzando un 41,87%. En 2021 se registraron solo 1.899 personas bajo este tipo de asistencia.
“La vivienda es el principal factor de vulnerabilidad que atienden los servicios sociales”, afirmó Gil durante su comparecencia ante la comisión municipal.
A pesar del esfuerzo del Ayuntamiento por ofrecer soluciones temporales, muchos ciudadanos enfrentan una situación crítica. Más del 76% de los casos acumulados tienen estancias superiores a seis meses en estos alojamientos urgentes. Esto pone presión sobre los recursos disponibles y evidencia una “cronificación” del problema habitacional.
Pese al crecimiento del presupuesto destinado a servicios sociales en 2026—que alcanza casi 409 millones de euros, según Gil—la concejala Carol Recio ha señalado que hay una falta alarmante en la inversión para construir viviendas asequibles. La mesa de emergencia para vivienda está saturada con solicitudes mientras los servicios sociales lidian con una carga cada vez mayor.
“Pasen de la Barcelona de postal a la Barcelona real”, instó Recio al gobierno local.
A medida que las condiciones se agravan, muchos niños se ven obligados a abandonar sus hogares y entornos familiares debido a desahucios inminentes. Esto no solo afecta su estabilidad emocional sino también su educación y desarrollo social.
A pesar del contexto adverso, los equipos municipales han actuado como una red vital para aquellos que enfrentan la pérdida inminente de sus hogares. Sin embargo, esta función asistencial ha desplazado sus tareas preventivas originales debido al aumento constante en las solicitudes por parte de ciudadanos vulnerables.
“Están siendo un muro de contención frente a las dificultades para sostener el precio del alquiler”, explicó Gil sobre el papel actual que desempeñan los servicios sociales.
A medida que Barcelona continúa lidiando con esta crisis habitacional creciente, queda claro que se requieren medidas más efectivas para abordar tanto las causas subyacentes como las necesidades inmediatas. La presión sobre los servicios sociales no muestra signos de disminuir sin cambios significativos en políticas públicas relacionadas con vivienda asequible y apoyo social adecuado.
A medida que avanza el año 2026, tanto autoridades como ciudadanos deben trabajar juntos para encontrar soluciones sostenibles que aseguren un hogar digno para todos los barceloneses.
